LA REALIDAD DE LA ADICCIÓN A LAS DROGAS

LA REALIDAD DE LA ADICCIÓN A LAS DROGAS

ADICCIÓN A LAS DROGAS

Dolor y desesperanza

Cuando existe una dependencia a las drogas, generalmente es imposible pensar en otra cosa que no sea la droga, el modo de conseguirla, la forma de consumirla y los espacios para hacerlo. Cuando se está “enganchado a ella”, la situación se vuelve en contra de uno y los demás. Al principio es posible obtener cierta gratificación aparente. Pero, más temprano que tarde, la conducta empieza a tener consecuencias negativas en la vida del consumidor.

 

¿Y qué es la adicción a las drogas?

La adicción se presenta como un abuso en el empleo de sustancias que conlleva un deterioro en las distintas áreas de la vida: social, familiar, laboral, recreativa, amorosa, etc., y hay un patrón o tipo de consumo de la sustancia que finalmente termina perjudicando a quien la consume. El abuso de drogas puede conducir a enfermedad crónica, recurrente, progresiva y terminal.

Las sustancias, las drogas, también afectan e interfieren en el funcionamiento normal del cerebro. Llega un momento en que los cambios en el cerebro pueden convertir el abuso de drogas en una enfermedad crónica, recurrente, progresiva y terminal. Las ansias del consumo, la planificación en la búsqueda de drogas y el tiempo premeditado de uso, son conductas que forman parte del aumento del deterioro de todas las áreas y del funcionamiento normal de la persona.

El abuso de la sustancia, puede conducir a una dependencia física pero también a una dependencia psicológica, en la que se puede observar una compulsión a consumir periódicamente la droga para sentir placer, alivio y/o euforia.

 

Las personas dependientes a las drogas se han sentido históricamente sin recursos para enfrentar momentos de disforia

Frente a momentos de incomodidad, en los que priman emociones desagradables o molestas, tales como: la tristeza, la ansiedad y/o irritabilidad, entre otros, las personas dependientes a las drogas, se sienten sin recursos y sin la capacidad de resolución para sobrellevar estos momentos. De este modo, llegan a usar la sustancia adictiva de manera compulsiva y como un instrumento que les permite lidiar con el estado emocional displacentero.

Con el consumo de drogas se produce una desconexión emocional

Como decíamos, las personas que consumen drogas las utilizan como una manera errónea de enfrentar estados emocionales que consideran inmanejables, descontrolados y peligrosos, ya que se sienten sin recursos, habilidades o capacidades para enfrentar estos estados (ref. Javier Guajardo G.) El problema, es que al utilizar las drogas para “sobrevivir” a estados afectivos disfóricos, se va generando un deterioro orgánico y psicológico progresivo.

Esta conducta, el consumo compulsivo de drogas, puede ser entendida como un recurso de autorregulación emocional, pero es un recurso patológico, ya que lo que se busca es la evitación y desconexión de lo que produce malestar. En este proceso, la droga es un instrumento de evitación del estado emocional de base ya que genera estados artificiales y efímeros de euforia, relajo, placer que son contrarios a la emoción displacentera de fondo.

Las drogas son entonces, las que otorgan la desconexión emocional en esta necesidad de no experimentar ansiedad, angustia, disforia, etc. En este escenario, podríamos pensar que la ilusión y fantasía que sostiene la dependencia a las drogas es la de NO SENTIR emociones desagradables, sino estar siempre en un estado de euforia, de placer o control independiente de las situaciones que se deben enfrentar.

Así, la desconexión emocional, la intoxicación permanente y la necesidad de sostener el recurso de la droga a pesar de los costos, sostienen la adicción sin que el sujeto reconozca o parezca consciente de cómo se perjudica a sí mismo y a los demás.

Esto se traduce en un sujeto enfermo, sin voluntad y que requiere ayuda.

El abuso de drogas puede conducir a una enfermedad crónica, recurrente, progresiva y terminal.

 

Te presentamos algunos indicadores que dan cuenta de un consumo dependiente a las drogas:

 

  • El consumo de drogas continúa a pesar de que existe conciencia de las consecuencias negativas.
  • La persona tiene dificultad para controlar el uso de la droga o siente que su consumo está fuera de control.
  • Presenta intoxicaciones frecuentes.
  • La persona reduce de manera considerable las actividades sociales, laborales, educativas o recreativas.
  • Recurre a la droga para aliviar el malestar provocado por su falta.
  • Presenta problemas físicos asociados.
  • Experimenta permanentemente deseos de consumir.
  • Presenta incapacidad de abstenerse y de detenerse; se ha prometido muchas veces no consumir más y no lo logra.
  • La mentira es recurrente, casi siempre está irritable, enfadada y/o con ganas de discutir.
  • Tiene cambios rápidos y pronunciados en el estado de ánimo.

 

 

Las drogas alteran la forma de percibir y conectarse con el mundo.

La adicción altera el funcionamiento general de la persona, de manera progresiva y con riesgo vital inminente.

La adicción produce dolor, desolación y desesperanza.

 

Por Michelle Oberreuter Gallardo.

¿Qué es la ansiedad climática?

¿Qué es la ansiedad climática?

¿Qué es la ansiedad climática?

¿Y qué podemos hacer al respecto?

La ansiedad climática hace referencia a la preocupación, la frustración, el dolor e incluso la ira asociados a la realidad de la crisis climática y al constante fracaso de los gobiernos a la hora de actuar con la urgencia que requiere.

Es una respuesta perfectamente normal y saludable frente a la destrucción del mundo natural y a la inacción política.

Los miembros de Avaaz financiaron una encuesta realizada a niños, niñas y jóvenes sobre ansiedad climática. Se encuestaron a 10 mil personas en 10 países  de todo el mundo. Se logró demostrar que la ansiedad relacionada con la crisis planetaria es muy alta porque:

– Estamos presenciando desastres climáticos devastadores

– Los gobiernos están fracasando en tomar medidas para detener la crisis.

Estos son los hallazgos del estudio:

  • Casi la mitad de los jóvenes encuestados a nivel mundial (45%) asegura que la ansiedad relacionada con el cambio climático está afectando su vida cotidiana: la forma en la que juegan, comen, estudian y duermen.
  • Más de 7 de cada 10 (75%) encuestados cree que “el futuro es aterrador”.
  • El 58% expresó que los gobiernos están “traicionándoles a ellos y/o a las futuras generaciones», mientras que el 64% dijo que sus gobiernos no están haciendo lo suficiente para evitar una catástrofe climática.
  • Casi 4 de cada 10 jóvenes (39%) dice que ahora tienen dudas acerca de tener hijos.

¡Estos resultados son alarmantes! y no solo afecta a niños y niñas, sino que la ansiedad climática la sienten personas de todas las edades, en todas partes.

 ¿Qué podemos hacer con la ansiedad climática?

Consejos e ideas de la Alianza de Psicología Climática

Recuerda que no estás solo/a. Muchas personas quizá estén igual de ansiosas que tú, simplemente puede ser que no estén hablando de ello.

Crea un espacio para hablar sobre el cambio climático, específicamente sobre los sentimientos que surgen en ti y en los demás.

Debes saber que esto no depende solo de ti. Es poco lo que una sola persona puede hacer y, aunque las medidas individuales SÍ que tienen un impacto, la responsabilidad es colectiva.

Haz todo lo que puedas para cuidarte física y emocionalmente. Suena obvio, pero cuidar de lo básico puede ayudarte a mejorar tu resiliencia y a mantener los pies en la tierra.

Pasar tiempo en la naturaleza puede servirte. Conecta con la naturaleza y permítete disfrutar de su belleza. Nuestro amor por la naturaleza puede inspirar nuestra lucha por proteger el planeta.

Sentir cierto grado de ansiedad climática es una respuesta natural, y hablar de ello ayuda.

No es cuestión de “arreglar” o “solucionar” nuestra ansiedad, sino de aprender a vivir con ella. Para cada uno de nosotros, se trata de reconocer esos sentimientos y respetarlos para, de esta forma, poder comprometernos con la resolución de la crisis y pedir cuentas a nuestros líderes sin caer en la desesperación o en la negación.

FUENTE avaaz.org

Por Michelle Oberreuter Gallardo

Ansiedad: ¿Amiga o Enemiga? (Taller Online)

Ansiedad: ¿Amiga o Enemiga? (Taller Online)

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Este taller es para ti.

Te invitamos a participar del Taller «Ansiedad: ¿Amiga o Enemiga?. En el podrás:

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Espiritualidad: cómo afecta a tu salud física y mental

Espiritualidad: cómo afecta a tu salud física y mental

¿Alguna vez te has preguntado si tu fe o tu espiritualidad tienen un impacto sobre tu salud?

De forma esporádica las noticias presentan a alguien que ha experimentado un profundo milagro médico, como la desaparición de la enfermedad que, según los informes, llevó hacia la santidad a la Madre Teresa.

Sin embargo, estos profundos milagros no le suceden a las personas corrientes ¿Qué pasa entonces con la espiritualidad cotidiana? ¿Puede ser igualmente sanadora?

En un artículo publicado en 2003 por el Journal of the American Psychologist titulado “Religión y espiritualidad: vínculos con la salud física“, los autores presentan evidencia que vincula la religión o la espiritualidad en relación con la mortalidad, la discapacidad o la recuperación de una enfermedad.

Basándonos en éste y en otros estudios que se citarán más adelante, hemos considerado estos cinco beneficios que la espiritualidad puede aportar a la salud física y mental de una persona.

Contenido del artículo 

1 1. Conectividad: un sentimiento de “No estoy solo”
2 2. La Comunidad y el apoyo social
3 3. La meditación como curación
4 4. Una estrategia de afrontamiento
5 5. Esperanza

1. Conectividad: un sentimiento de “No estoy solo”

La fe y la espiritualidad te conectan a un ser y a un poder superior. Puedes poner a ese ser superior el nombre que quieras: Jesús, Alá, Creador, Ser Supremo, Energía, Buda… Hay muchas posibilidades.

Sin embargo, el nombre no es tan significativo desde el punto de vista psicológico, como tener esa sensación de esta conectado a un ser superior que te protege.

Esto no es sorprendente, ya que la investigación muestra cómo la soledad juega un papel importante en la génesis de la enfermedad mental. La sensación de un poder superior, de algo o alguien, una fuerza externa a ti mismo te da un sentido de pertenencia y unión que ayuda en muchos casos a no sentirte solo.

2. La Comunidad y el apoyo social

Generalmente la espiritualidad involucra una comunidad de la iglesia o un grupo de creyentes que comparten valores comunes. Esta comunidad podría estar en línea, en una mezquita, una sinagoga, una iglesia o un templo. Una vez más el lugar es lo menos importante.

La actual tendencia al individualismo, el estilo de vida acelerado, la movilidad geográfica y cultural, han evolucionado en las últimas décadas, haciendo que algunas comunidades forjadas naturalmente desaparezcan de la vida cotidiana.

El Dr. Jeff Levin, un epidemiólogo social que ha estado recolectando datos durante treinta años para ver si existe un vínculo entre espiritualidad y salud, concluye que entre el 80 y el 90 por ciento de los estudios consultados muestran una correlación positiva entre ambas variables.

En su informe, que incluyó más de doscientos estudios sobre la fe y la salud, descubrió que los creyentes que tienen una comunidad espiritual común tienden a tener una estructura de apoyo social, que mejora su salud general.

Una comunidad organizada alrededor de la fe permite que las personas se sientan conectadas, no solo con un poder superior sino también entre sí. Incluso aquellos que pueden sentirse desconectados de sus familias pueden encontrar una familia en su fe o en su espiritualidad.

3. La meditación como curación

El Dr. Levin también señala en su investigación: “La meditación y la oración pública generan emociones positivas, que pueden beneficiar la buena salud general”.

La espiritualidad proporciona de este modo una salida para reflejar y aliviar el estrés y el dolor. Puede ser una experiencia de aprendizaje para quien busca obtener sabiduría u orientación. O puede ser una simple desconexión de lo cotidiano que se convierte en un momento de unión con Dios, la naturaleza o la energía positiva.

Muchos estudios han reportado que la oración y la meditación proporcionan alivio físico o esperanza en la curación: Un seguimiento de tres años realizado sobre pacientes psiquiátricos en relación a los efectos de la meditación vio una reducción significativa del estrés en el tratamiento de los trastornos de ansiedad.

Este otro estudio publicado en el Journal of Psychosomatic Medicine informó que “la intervención de reducción de estrés basada en la meditación en atención plena (mindfulness)” ayudó a disminuir los síntomas en pacientes con psoriasis.

La meditación y la oración no solo proporcionan una salida, sino que también pueden reducir el estrés, acelerar la recuperación e incluso disminuir la presión arterial y fortalecer el sistema inmunológico.

Harold G. Koenig, MD, en su investigación como director del Centro de Espiritualidad y Salud de la Universidad de Duke, descubrió que quienes se benefician más de la religión y la espiritualidad son quienes asisten a servicios religiosos y practican la oración o la lectura espiritual en el hogar de forma regular.

El Dr. Koenig, quien dirige seminarios para el programa de Educación Continua de la Facultad de Medicina de Harvard y es autor de un buen número de libros sobre el tema, descubrió que las personas que asisten regularmente a los servicios religiosos, rezan individualmente y leen la Biblia, tienen menos probabilidades de sufrir ciertos tipos de hipertensión, tienen sistemas inmunes más fuertes, tienden a ser hospitalizados con menos frecuencia y abandonan el hospital antes que aquellos que rara vez o nunca asisten a la iglesia.

4. Una estrategia de afrontamiento

La espiritualidad puede dar un sentido profundo a la vida, al sufrimiento y a la muerte que nos ayuda en el transcurso de nuestras vidas.

La investigación publicada a este respecto en el Journal of Behavioral Medicine señala: “Una gran cantidad de estudios sugieren que las personas confían en su espiritualidad y su fe religiosa cuando se enfrentan a enfermedades, y que estas formas de afrontamiento generalmente se asocian con resultados de salud positivos.

Eso incluye menos depresión y una mayor supervivencia, menos complicaciones pos-quirúrgicas y un inicio retrasado y una progresión más lenta de la discapacidad física”.

Las creencias religiosas suelen proporcionar significado, o dar una explicación ante la dificultad y el dolor, ayudando a la persona a sobrellevarlo mejor.

Algunas tradiciones de fe aportan una historia narrativa o una lista moral de cosas que hacer. De esta manera, la espiritualidad proporciona respuestas a muchas de las preguntas que el ser humano se hace: ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué debo hacer con mi vida?.

La espiritualidad, al proporcionar respuestas, proporciona también un sentido de propósito y dirección. Aquellos que han encontrado un propósito en la vida, la encuentran más intencional y significativa, mejorando el bienestar mental y la salud física.

5. Esperanza

La esperanza es un sentimiento de expectativa y deseo de que algo suceda, es un estado de ánimo en el que se nos muestra como posible aquello que anhelamos. Comparado con el resto de beneficios que la espiritualidad proporciona, probablemente la esperanza sea el mejor de todos.

Ya sea esperanza para la realización personal en la vida cotidiana, o esperanza para la felicidad eterna en próximas vidas, la mayor parte de las creencias religiosas incluyen la esperanza como una virtud clave.

Altos niveles de esperanza están asociados con un mejor desempeño y éxito académico, deportivo y profesional, un mayor bienestar físico y psicológico y mejores relaciones interpersonales (Lopez & Snyder, 2009; Lopez, 2013), y desde el ámbito de la psicología positiva, la esperanza es entendida como una estrategia que ayuda a abordar la vida desde el «sí» y el “yo puedo”.

Igualmente, las personas con alta esperanza parecen más orientados a formar conexiones con otras personas, ya que muestran interés por las metas de los demás, disfrutan de interactuar con otros y perciben mayor apoyo social (Lopez & Snyder, 2009).

En resumen, la investigación muestra que el nivel de religiosidad o vida espiritual está directamente relacionado con la salud y la recuperación en general.

La vida de fe parece ciertamente poder ayudar a disminuir el estrés y la depresión, así como a la recuperación de enfermedades físicas.

Tal vez no sea mala idea incluir entre nuestros hábitos unos minutos al día de lectura espiritual, de oración o de meditación. Esto nos conectará con nosotros mismos y también con una “energía superior” que, sin importar su nombre o su procedencia, parece ser tan buena para nuestros cuerpos como lo es para nuestros espíritus.

Referencias Bibliográficas

Kelley, B. S., & Miller, L. (2007). Life satisfaction and spirituality in adolescents. Research in the Social Scientific Study of Religion, 18, 233–262.
Marques, S.C., Lopez, S.J. & Mitchell, J. J Happiness Stud (2013) 14: 251. https://doi.org/10.1007/s10902-012-9329-3.
Wachholtz, A.B., Pearce, M.J. & Koenig, H. J Behav Med (2007) 30: 311. https://doi.org/10.1007/s10865-007-9114-7.

Fuente: www.psicopedia.org

Una experiencia de parto natural y respetado en el Sistema Público de Salud

Una experiencia de parto natural y respetado en el Sistema Público de Salud

Daniela Aguilar, Francisca Vergara
Madre, Estudiante 3° año, Escuela de Obstetricia y Puericultura, USACH.
Testimonios de un parto respetado.


Sabemos que en Chile aún tenemos mucho que avanzar en materia de parto respetado, es un tema que el Sistema Chile Crece Contigo instaló en los Servicios de Salud en sus inicios y que ha tenido un desenvolvimiento lento a diferencia de la movilización que este mismo tema ha generado en otras organizaciones civiles y del mundo académico. Sabemos que el proceso de la gestación y del nacimineto son fundamentales y que marcan la vida de los seres humanos, sabemos también que nuestra niñez determina mucho de nuestro potencial de desarrollo y plenitud; y por sobre todo, como Sistema de Protección Integral a la Infancia, queremos que esos primeros años puedan ser vividos en las mejores condicones, no sólo por tod@s l@s niñ@s, sino también por sus familias y comunidades.

Este sueño es un sueño que se construye entre muchos y que implica revisar muchos supuestos y formas de relacionarnos con la gestación , el nacimiento y la niñez (y todos los temas asociados a ello como la lactancia materna, crianza respetuosa, apego y un largo etcetera). Son temas que no dejan indiferentes a nadie porque tocan nuestra propia historia de vida como hij@s, padres y comunidad, todos hemos sido parte de una familia y hemos sido criados -mal o bien, más o menos…- y sí, todos hemos nacido y ese nacimiento ha dejado una huella subjetiva e indeleble, como cada hito relevante en nuestra existencia.

Hay especialistas en el tema del parto respetado, como el dr. Michel Odent, que aseguran que modificar nuestra manera de recibir a l@s niñ@s en este mundo, asi como el apoyo que damos a las gestantes; determinará el futuro de nuestra civilización. Y esto porque en esos momentos se demuestra la capacidad de una sociedad de amar y respetar la vida, y que eso se refleja simultaneamente en nuestra relación con la naturaleza, con nuestra comunidad, relaciones y nuestra propia vida.

Si esto es asi, queremos sumarnos a la visión de apoyar y respetar a las madres gestantes y a sus hij@s por nacer, facilitando las condiciones más respetuosas para que esto suceda. Para esto se necesita información, trabajo y la apertura para que tod@s l@s que forman parte de este proceso -equipos médicos, madres, organizaciones e instituciones- dialoguen, compartan y dispongan de nuevas prácticas que devuelvan a la gestación y al parto su valor y el rol que cada mujer-madre tiene en ese momento, asi como su hij@.

Desde esta perspectiva entendemos que en la medida en que compartamos buenas y nutritivas experiencias de partos respetados, podremos sembrar nuevos entendimeintos y formas de mirar este hecho; tal como en estos testimonios veremos que quizás es un poco más sencillo de lo que imaginabamos y a la vez, mucho más asombroso de lo que sabíamos que un parto puede ser. Se los compartimos con el consentimiento de sus dueñas y del equipo que las acompañó en esta hermosa vivencia. Agradecemos a todas las personas que hicieron posible en el Hospital del Pino que Nina Killen pudiera ser recibida por sus padres de forma tan amorosa, haciendo de su primera respiración, de su primer contacto con el mundo un momento de calma, amor y tranquilidad. Particularmente a Juan Chirino Salazar -matrón y docente- y a Pilar Céspedes -matrona jefa del hospital del Pino-. Disfruten de estos bellos testimonios.

DEL MIEDO A LO DESCONOCIDO AL AMOR POR LO NUESTRO

Daniela Aguilar, Madre.

A las 40 semanas y 2 días mi hija me avisa que ya viene en camino, desde las 5 de la madrugada del jueves 10 de julio. Me di cuenta al sentir que había tenido una contracción muy larga. Le pedí a mi pareja, papá de mi hija, que me hiciera masajes, cuando de repente sentimos un crujir que salió de mi espalda. Hace unas semanas había leído sobre la rotura de membranas y claro, había un aviso antes de que cayera el líquido, entonces me paré para ir al baño y comenzó a bajar el flujo con olor a amoniaco entre mis piernas. Indudablemente era el momento que tanto estaba esperando y al que tanto le tenía dudas, temores, pero también una gran significancia. Esa significancia la daba todo mi amor hacia la guagua que comencé a sentir desde que supe que la estaba esperando, y que lo demostré preparándome física y emocionalmente para tener un parto libre y natural; pero las dudas y temores, como las dije en un conversatorio sobre parto respetado[1], era hacia el grupo de matronas y matrones, técnicos y técnicas del Hospital El Pino, público y para Fonasa A, que asistieran mi parto y que hicieran imposible esa libertad y respeto que tanto deseaba como regalo inicial a mi hija.

Cuando nos dimos cuenta que la bolsa se había roto, decidí tomar una ducha de agua caliente, avisé a mi mamá para que se pudiera bañar y calentar el auto, mientras yo la esperaba caminando y respirando profundamente. Dos semanas antes había ido en una falsa alarma a urgencias de maternidad, porque haciendo caso a las recomendaciones de las matronas, me fijé en tomar la distancia horaria entre contracción y contracción. Esta vez decidí no tomar el tiempo, y más bien me preocupé de sentir las contracciones, que realmente eran muy distintas a las que “calentaban motores”.

Al llegar a urgencias de maternidad del Hospital El Pino, a las 7 am, luego de esperar unos 30 minutos, me hacen pasar para tomarme los signos vitales, y de nuevo, a esperar otros 20 minutos para esperar a que la matrona de turno me revisara y me diera el visto bueno para ingresar a la sala de pre-parto. Mientras mis contracciones seguían intensas, la matrona me invita a tomar asiento para llenar un formulario. No pude hacerlo y seguí caminando en la pequeña sala, respondiendo sus preguntas y conteniendo mis contracciones, accedí a que me hiciera un tacto vaginal y me dice, felicitándome, que tenía 8 cm de dilatación, “ahora espera a que te llamen”.

Mientras esto ocurría, mi pareja estaba realizando el papeleo en el ingreso a urgencias de maternidad y llega justo en el momento para decirle a la técnico que no era necesario contabilizar la ropa y accesorios que traía en mi bolso y en el bolso de mi bebé porque nosotros habíamos hecho una visita previa a maternidad para ahorrar tiempo. Ella, un poco molesta dice que era su deber realizarlo, pero que esta vez lo dejaría pasar. Luego llega otra mujer con una silla de ruedas, para llevarme, tal cual una enferma a punto de parir. Insistí en que no era necesario, que prefería caminar para soportar el dolor, pero los argumentos que escuché en ese momento era que “¿y qué pasa si tiene la guagua en el pasillo?”…como si yo, mujer, con una ficha que decía que había tenido un embarazo absolutamente normal, no fuese capaz de recibir a mi hija en una circunstancia de adversidad, como si le tuviera miedo desde ya al hecho de parir…en fin, accedí a la silla de ruedas para llegar lo más rápido a la sala de pre-parto, que según el matrón que nos guió en la visita previa a maternidad, era el lugar más íntimo que había en el proceso de parto, y que ahí tendría la libertad de realizar mis movimientos. En ese momento, mi pareja era nuevamente relegado sutilmente con un “usted tiene que esperar, lo van a llamar”.

Eran las 8 am, estaba ingresando sola como una enferma a la sala de pre-parto, con los ojos cerrados para tratar de concentrarme en las contracciones, que por el engorroso recibimiento estaban siendo muy dolorosas. Por lo que escuché, estaba siendo derivada a la sala número 2. Por las risas, comentarios, teléfonos sonando y muy poco respeto, deduje que estaba justo al frente del mesón de las matronas. Al llegar a la sala de pre-parto, que era individual, lo primero que me dicen es “acuéstese en la cama para que la controlemos”, me negué; luego llegó una matrona y me dice “acuéstese para que le pongamos el suero”, le dije que no quería suero, luego sube un poco la voz y me pregunta “¿y cómo quiere que le pongamos la anestesia?”, le respondí “no quiero anestesia” –“¿cómo no va a querer anestesia?” (esa pregunta ya me lo habían hecho en recepción y estaba anotado en el documento que autorizaba o no la utilización de anestesia, y claro, no lo leyeron) Y se va, entonces de afuera de la sala escucho un “a lo mejor quiere parto natural”, entonces cambia la matrona y me ofrece el balón kinésico, luego me dice que me acueste que me pondrá un suero para tranquilizarme, siendo que yo estaba tranquila y sólo quería estar en silencio. En aquél momento aparece Mauricio, mi acompañante, por fin, y en medio de esa tranquilidad, escucho gritos de otras mujeres que estaban pariendo, y el miedo toma mi cuerpo, las contracciones se comenzaban a hacer insoportables y le digo a Mauro “no quiero gritar así” casi llorando, al punto de que estaba desistiendo de tener un parto como lo había planeado.

Fue en ese momento en que veía todo más negro que blanco, cuando escucho (estuve casi todo el momento anterior con los ojos cerrados) “¿ella es Daniela Aguilar?, ¿quiere parto natural?” e inmediatamente dije que sí, “entonces yo le asistiré el parto”. La voz era del matrón Juan Carlos Chirino, que lo había conocido en el conversatorio sobre parto respetado que mencioné anteriormente. En aquel momento sentí una calma inmediata, y fue como un abrigo que caía sobre nosotros tres para recibir a nuestra hija de manera libre. Al levantar la vista me fijé que el matrón venía con dos ángeles, vestidas de azul, eran dos jóvenes de tercer año de obstetricia, que actuaron como doulas[2].

Inmediatamente nos cambiamos de pieza, a una más apartada del mesón de matronas. Raudamente Juan Carlos, el matrón, se puso a adecuarla, puso un biombo para tapar las ventanas que daban hacia las ventanas del pasillo, tiró el colchón de la cama al suelo, y la apegó a la pared, pegó unas bolsas de basura en la ventana para atenuar la luz, se consiguió un calefactor, se consiguió unos guateros, sacó la cama, todo en silencio, hasta que me dice “puedes moverte como quieras, eres libre, ponte lo más cómoda que sientas” y ahí sólo atiné a agradecerle por su existencia. Entonces volví a cerrar los ojos, le pedí a Mauricio que pusiera las canciones de Beatriz Pichi Malén[3] a respirar profundamente y a escuchar mi cuerpo, que me dijo que debía estar sobre el colchón, probé estar en cuclillas, pero no me era cómoda, me puse en 4 y me quedé así por unos 40 minutos, y de vez en cuando sentía que una de las ángeles me hacía masajes muy certeros en la cadera. Luego sentí la necesidad de cambiar de posición y me puse acostada de lado, pero debía subir una pierna y mis fuerzas no eran tantas, o por lo menos no se estaban concentrando en levantar una pierna, así que le pedí a una de las ángeles que sostuvieran mi pierna por un ratito.

Mauricio, mientras tanto me acompañó con cariños, con aliento a mi trabajo de parto, activó la música y me comunicaba lo que el matrón o alguna de las ángeles aconsejaban pues los presentes activos hablaban muy bajito y sólo con mi acompañante. Luego del parto supe que si no tenían nada que hacer se ponían detrás del biombo, permitiendo un ambiente más íntimo. Durante la mayor parte del parto permanecí con los ojos cerrados, para encontrar el trance del cual siempre hablé durante el embarazo, una conexión entre mi cuerpo, mi mente y mi hija, formar una triada para que pudiéramos hacerlo bien juntas, pues estaba consciente que para las guaguas salir del vientre es realmente un trabajo.

Cuando sentí las ganas de pujar estando acostada de lado, le pedí al matrón que me hiciera un tacto vaginal para estar segura de que debía ponerme ya en mejor posición, entonces él me avisa que tenía ya 10 cms de dilatación, y sentí cosquillas en mi panza. Entonces volví a quedar en 4, me saqué el camisón que estaba todo mojado con fluidos y comencé a pujar. Las sensaciones que sentí con esas contracciones sólo me hacía sentir que la cabecita de mi hija estaba avanzando, por lo mismo, no lo recuerdo tanto como un dolor, sí una incomodidad porque da la sensación de querer defecar, y seguramente eso es lo que a las mujeres de la miedo como para soltar y relajar los músculos perineales. Luego de quizás unos 3 pujos, Mauricio me dice que podía tocar la cabecita de mi hija, pero en ese momento retrocedió, asique volví a preocuparme de sólo pujar. En la siguiente contracción, ya sentí como un círculo de fuego, y fue cuando Mauro me dice muy emocionado al oído “tiene tu misma oreja!”, entonces, además de alegrarme que mi hija sacó algo mío, supe que ya había salido la cabeza, asique faltaba muy poco para que saliera el cuerpecito. Pujé nuevamente con todas mis fuerzas y sentí toda la humanidad de mi pequeña salir de mi cuerpo.

Una de las ángeles recibió a mi hija y la puso en posición para que yo la recibiera por abajo a la secara. Tomé a mi hija y estuvimos las dos desnudas, conectadas aún por el cordón, con Mauro la limpiamos para que no se enfriara y la sostuve sobre mi pecho. A las 10:22 am, luego de 2 horas de trabajo de parto brutal y hermoso, Mauricio corta el cordón umbilical y se anota como hora de nacimiento. Por fin llegó el momento en que podíamos ver sus ojitos, por fin nuestra hija llegó a África[4], y nosotros, Mauricio y yo éramos las únicas voces que tranquilizaría a Nina Killen, porque mientras estuvo dentro de mi vientre, le conversábamos, le cantábamos, le leíamos y la molestábamos con nuestras manos. Ella ya nos conocía. Más tarde supe que no hubo intervención para sacar a Nina, ella giró sola para que sus hombros salieran, lo único que se hizo fue sacar el cordón umbilical de su cuello para que no hubiera problemas.

Luego del nacimiento, venía el alumbramiento, el momento en que debía salir la placenta de mi cuerpo. Yo aún sentía contracciones, similares a las de parto, pero distintas a la vez pues su función era contraer mi útero. Según mi plan de parto, yo deseaba llevar la placenta, la casita de mi hija durante 9 meses, y creación de mi cuerpo, para plantarla debajo de un limón pequeño que tengo cultivando, pero en la visita previa a maternidad, el guía nos dice que eso era imposible pues se hacía una quema de las placentas, que estaban contabilizadas según el número de partos en el día, debido a un posible mal uso de ellas. Sin embargo, el matrón Chirino me pregunta “¿y qué deseas hacer con tu placenta? ¿te la quieres llevar?” y creo que mis ojos brillaron y le dije que si era posible, que sí, entonces él fue a preguntar a la jefa matrona para pedir una autorización, que fue aceptada. Buscaron a mi mamá, que estuvo afuera durante todo el tiempo, para que se llevara la placenta a casa y la refrigerara inmediatamente. Mientras tanto, las matronas de neonatología pidieron a mi hija, pues ya su temperatura había bajado a 36°C, y debían seguir su protocolo. Mauricio acompañó a Nina en ese proceso.

Ya estando en casa mi madre me comenta que al llegar a la sala de preparto a buscar la placenta, las personas que estuvieron presentes tenían una cara de gozo, de alegría, de emoción, y claro, para todos y todas fue un parto muy especial. Según lo que conversamos, para el matrón le fue especial porque él había sido contactado por Silvina, de quien estoy muy agradecida, una interna del hospital, de quinto año de la USACH, avisando que yo estaba cerca de la fecha de parto, y que coincidíamos en el deseo de realizar un parto respetado, que fue pionero en El Pino. Para las dos ángelitos, o doulas, estudiantes de tercer año, me agradecieron por darles la oportunidad de practicar un parto respetado, que la verdad de las cosas no se lo esperaban, menos en un hospital público. Y bueno, para Mauricio y para mí fue un parto que más allá de salir de lo común en su planificación, nunca pensábamos que las cosas se darían así. Todo resultó como deseábamos sin necesidad de planearlo todo. Para nosotros, personas que no tenemos altos ingresos y que no podíamos pagar una clínica, tampoco teníamos para pagarle a una matrona y realizar el parto en casa, pudimos traer a nuestra hija libre y respetada de forma gratuita, y sabemos bien que este tipo de parto realiza un menor gasto tanto para el hospital como para los y las matronas. Ese día nos dimos cuenta que es cosa de voluntad respetar la decisión de las mujeres al momento de parir, porque el cuerpo y la sexualidad es de nosotras.

Sin más que agregar, reitero mis agradecimientos al matrón Juan Carlos Chirino, a las angelitos estudiantes de obstetricia, Francisca y Gabriela, a Silvina por dar aviso, a mi mamá por entregar sus energías desde lejos y a Mauricio, por crear conmigo a tan hermosa pequeña mujer, Nina Killen.

UN PARTO NATURAL EN UN HOSPITAL PÚBLICO
Un parto naturalmente bello.

Francisca Vergara, estudiante de 3° año, Escuela de Obstetricia y Puericultura, USACH.

Era un día jueves 10 de julio del 2014 y nosotras con mis compañeras íbamos a iniciar un día mas de práctica, que solo tenemos en las mañanas. Cuando llegamos inmediatamente le dijeron al profe: “la paciente de allá es tuya”, indicándonos un box de preparto, luego nos explicaron que la joven quería tener su parto de manera natural y que cuando llego al preparto no dejo que le realizaran un monitoreo, ni que le pusieran una vía venosa, ni otros procedimientos que se hacen de rutina al ingreso. Entramos en su sala de prepartos y su pareja tenía música de meditación en su celular y de inmediato nos contagiamos de una atmósfera especial. La trasladamos a otra sala de prepartos, un poco más grande y que aislaba mejor el ruido ambiental y después que entendimos muy bien como ella quería su parto nos dijimos manos a la obra. Tiramos el colchón de la cama al suelo y sacamos la cama para afuera, trajimos un calefactor y mi profesor puso un biombo que tapaba toda la visión del que estaba afuera de la sala, también cubrió las ventanas con unos plásticos, la idea era disminuir en lo máximo la entrada de luz.

En esos momentos todos los que estaban afuera asomaban sus cabezas de curiosidad intentando observar que estaba pasando en ese lugar, escuchamos muchos comentarios respecto a esto, pero solo hicimos oídos sordos y continuamos en lo que estábamos. Dejamos que la mujer pudiese deambular y tomar las posiciones que quisiera, también le ofrecimos el balón kinésico, pero no fue muy cómodo para ella así que no se ocupo. En ese instante mi compañera y yo entendimos sobre lo que nos habían enseñado de que la mujer buscaba ciertas asimetrías, y justo eso estaba pasando frente a nuestros ojos, en un clima de absoluto silencio, solo con la maravillosa música de fondo que la pareja había seleccionado para ese especial momento.

Mi compañera y yo nos turnábamos con los masajes sin decir ninguna sola palabra, y así también con la pareja. Nos dimos cuenta que no eran necesarias y que ese silencio no era para nada incomodo era más bien un silencio mágico. Una de las cosas más bonitas era ver la increíble comunicación que ella tenía con su pareja, un amor incondicional que les brotaba por los poros. La mujer se colocaba en cuatro patas, en cuclillas, luego se recostaba hacia un lado, estiraba sus piernas y se las tomaba, caminaba y volvía a recostarse en una especie de danza. En un momento ella nos pregunto si las posiciones que ella adoptaba estaban bien o eran otras y que si de verdad lo estaba haciendo bien, nos miramos y le dijimos lo estás haciendo perfecto. Con mi compañera ya estábamos insertas en esa atmósfera tan bonita, nunca paramos de hacerle masajes, cuando ella estaba cansada de sostener sus piernas le ayudábamos y se las sosteníamos nosotras, aplicamos calor local con guateros de semilla y sueros que calentábamos periódicamente. En un momento decidimos quitarle la camisa que llevaba puesta pues estaba muy mojada, su pareja nos ayudo y le trajimos otra limpia y seca, pero ella prefirió parir lo más cómoda posible, con su cuerpo totalmente desnudo.

Mi profesor se encontraba detrás del biombo y la comunicación con el también era no verbal y todo el equipo se entendió de esa manera y con pequeñas palabras en forma de susurro. En todo este proceso el futuro padre podía ver como estaba avanzando el parto de su mujer y ella también podía tocarse inspeccionando como iba todo sin ningún impedimento por parte de nosotros, era su cuerpo, ella tenía el derecho de tocarlo como quisiera, era suyo.
Luego de todos los cambios de posiciones, decidió de que manera parir: era en cuatro apoyos o como lo conocemos mejor en 4 patas. Comencé a ver su cabecita y el profesor me dice solo colóquese guantes, nada más. Yo estaba muy nerviosa, era mi tercera asistencia de partos y primera vez de esa manera, pensando en formas técnicas de cómo iba salir esa nueva vida y no disfrutando del hermoso momento que estaba sucediendo. El profesor me vio y me dijo: “tranquila, mire como están ellos, súper tranquilos” y me di cuenta que los nervios y el miedo no iban en esa situación y de inmediato lo erradique de mi cuerpo, mi compañera que estaba realizando el trabajo de doula me hizo unos pequeños masajes, que de verdad sirvieron.
Ya , había llegado el momento tan esperado por sus padres y todos los que estábamos en esa sala, su cabecita comenzó asomarse y vi su carita ,venia con dos circulares de cordón que reducimos de inmediato, esperamos que rotara solita su cabeza y al próximo pujo su cuerpo salió, mis manos recibieron con mucho amor a esa hermosa criatura, dándole la bienvenida a este mundo, una niñita hermosa de 3380gr , la pase entre las piernas de su madre y sus padres la recibieron abrazándola con un amor infinito…por fin se conocían, su padre emocionado hasta las lagrimas y nosotros observando esa escena de esa amorosa triada, nos miramos entre todos y estábamos extasiados de tanta felicidad con una especie de orgullo de decir lo hicimos bien pero sin hacer nada. Los ojos de todos eran un mar de emoción que era imposible contener, se respiraba una paz y alegría extraordinaria casi imposible de expresar a través de estas letras.
Dejamos a la triada compartir este momento tan único, solos y todos nos fuimos tras del biombo, luego pinzamos y papá corto cordón dándole la hora de nacimiento a su hija a las 10:22 am, esperamos el alumbramiento y no fue necesario ninguna maniobra , ni otro procedimiento innecesario de rutina. En todo el proceso de trabajo de parto solo se realizo un tacto con permiso de la mujer y se ausculto LCF sin necesidad que la mujer modificara la postura que estaba adoptando, todo muy respetado, no se requirió ningún fármaco que interfiriera en su proceso de parto. Su oxitocina natural hizo y estaba haciendo efecto y no era necesario más.
Luego de un largo apego no recuerdo de cuanto fue, porque nadie estaba pendiente de los tiempos, se le tomo la temperatura a la bebe y estaba un poquito baja, se la querían llevar a la neonatología para colocarla en una cuna radiante, mi profesor de inmediato miro a la matrona y le dijo de manera respetuosa pero firme de sus convicciones: “tiene a su madre y a su padre y además hay una estufa al lado, no necesita más”, hicimos que el padre se sentara en el suelo a lo indio junto a la estufa junto a su hija en brazos y era verdad no necesitaban más.

En ese mismo instante a la madre se le dio su desayuno, se veía cansada pero feliz, había hecho un buen y hermoso trabajo de traer al mundo a su hija de una manera tan bonita y natural. Después conversando con ambos padres preguntamos como la iban a llamar y la llamarían Nina que significaba Fuego y su segundo nombre seria Quillen que significaba hermoso.
Ya cuando íbamos devuelta a clases, recordamos que ella había ido a un conversatorio que existió en nuestra universidad y pregunto cómo se podía tener un parto natural en el sistema público y en realidad nadie supo darle una respuesta ya que no existía tal posibilidad.
Lo sorprendentemente de esto que ella de alguna manera nos buscaba y nosotros la buscamos a ella y Nina eligió esa hora para nacer para darnos un hermoso regalo de poder ser parte del trabajo de parto y parto que tuvo su madre, una mujer informada y empoderada total y de ser partícipe de su hermoso, único, natural y especial nacimiento en el Hospital El Pino.

[1] Conversatorio Parto Respetado, celebrado el 22 de mayo del 2014, en Universidad de Santiago de Chile. Organizado por la ONG RELACAHUPAN Chile, y la escuela de Obstetricia de la universidad.

[2]“El término doula procede de la antigua Grecia y significa esclava, sierva. Otros autores sitúan su origen en el indi, lengua, en la que significa mujer experimentada. La antropóloga Dana Raphael, fue la primera persona que empleó este término, que proviene de la antigua Grecia, para refereirse a mujeres experimentadas que ayudaban a las futuras madres en el crianza de sus bebés, en Filipinas. Investigadores médicos como M. Klaus y J. Kennell extendieron el empleo de este término a ayudantes prenatales y durnate el parto, en una serie de estudios aleatorios controlados”. En http://www.doulas.es/definicion-2.html

[3]Beatriz Pichi Malen, disco Plata, año 2000. http://prensalibrepueblosoriginarios-mapuche.blogspot.com/2011/07/cantante-mapuche-beatriz-pichi-malen.html

[4]Taller realizado el 19 de junio, Consultorio Carlos Lorca. Última sesión prenatal.

Fuente: www.crececontigo.gov.cl

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