Psicoterapia: una oportunidad de cambio

Psicoterapia: una oportunidad de cambio

Los primeros años de vida son cruciales en el desarrollo de una persona. La presencia de una figura de cuidado comprometida y estable es muy importante para el crecimiento físico y emocional de un individuo. El bebé desde que nace, incluso desde antes de su nacimiento (en el embarazo) requiere de un cuidador sensible que sea capaz de leer de forma contingente sus señales y de responder a ellas de una forma atingente. Esta tarea, para todo aquel que ejerza funciones de cuidado hacia un bebé o niño pequeño, es altamente desafiante y requiere de gran esfuerzo psíquico para quien la realiza.

Las interacciones entre el bebé y niño pequeño con sus cuidadores principales van definiendo modos de estar en el mundo y de relacionarse con él. Así, si un niño pequeño interioriza figuras de cuidado que responden de forma sensible logrará incorporar una sensación de bienestar y de seguridad interna basal. De lo contrario, esta sensación de seguridad se verá trastocada generando inseguridades que obstaculizarán a la persona en su desenvolvimiento total futuro. Estas interacciones que tenemos en nuestra vida más temprana de la existencia, con el tiempo se van interiorizando, y son las formas que tenemos de relacionarnos con los otros cuando somos adultos.

Cuando ha habido situaciones difíciles en la temprana infancia o historia vital que, de alguna manera, han dificultado el logro de vínculos seguros; la Psicoterapia se convierte en una oportunidad de cambio. La Psicoterapia es una muy buena manera de poder sanar dichos patrones internos poniendo el énfasis precisamente en el vínculo con el paciente.

Se ha descubierto que el vínculo con el terapeuta es uno de los mayores promotores del cambio y el contexto terapéutico un terreno fértil favorecedor de un contexto relacional seguro y estable que puede lograr revertir y ampliar el repertorio y posibilidades del paciente. De esta forma, el paciente consigue una mayor libertad en cómo se siente y se relaciona logrando superar viejos y fijos patrones anclados en el pasado. El terapeuta puede llegar a ser una nueva figura con la que el paciente puede comenzar a sanar viejas heridas emocionales y aprender nuevas formas de ser y de estar en el mundo.

Por: Rocío Ruíz Celis | Psicóloga Clínica Infantojuvenil y Adulto

Maternidades sin receta: un podcast de Matriaesencia

Maternidades sin receta: un podcast de Matriaesencia

Escrito por Carolina Herrera Troncoso

Psicóloga Clínica y Perinatal


Hoy quiero hablarte de Maternidades sin Receta, un podcast del cual soy parte y realizo junto a dos grandes amigas, Bárbara Riveros y Julieta Cerda, ambas Psicólogas Perinatales y con quienes fundamos Matriaesencia. Te recomiendo escucharlo, sobre todo si eres mujer y madre, aunque la verdad, si eres hombre o pareja de alguna mujer gestante, pronta al parto, en postparto, o si se encuentran pensando en hacer familia podría ser de igual modo una fuente de aprendizaje y una oportunidad de acercarte a la experiencia.

Maternidades sin receta es un espacio en el que nos reunirnos a conversar de distintos temas en torno a la maternidad, una mezcla de tecnicismo y experiencia materna, donde esperamos poder poner en palabras (simples) aquello que toda mujer madre siente y piensa, y que no se atreve a verbalizar.

Maternidades sin receta, ha sido también un espacio de encuentro que nos ha permitido conocernos, reírnos, y mirarnos desde otro lugar: uno más compasivo con nosotras mismas. Comenzamos tímidas, hablando nerviosas, y con escasos conocimientos de edición y escasos recursos. Hoy, tenemos una nueva imagen, micrófonos top, mayores conocimientos de edición y algo más de recursos.  Nos escuchamos de forma más fluida y sin duda lo disfrutamos mucho más.

Maternidades sin receta, ha sido nuestra válvula de escape, ese espacio de confianza en el que incluso podríamos llegar a gritar a los siete vientos: ¡ya no puedo más!, mientras nos sostenemos mutuamente.

Y algo aún más importante, este podcast, nos ha llevado a reconocer nuestros propios límites e ir más allá de ellos. Hemos salido de nuestra zona de confort, moviéndonos en un espacio que hasta hace un tiempo atrás era un terreno inexplorado y, al menos para mí, impensado.

Con gran satisfacción escribo sobre él, porque gracias a él, hoy me veo de forma distinta. Con una mezcla de pudor y orgullo, reconozco y valoro mis avances, mi crecimiento…y pienso ¡por Dios que cuesta! Hablar de esto cuesta, porque nos encontramos inmersas en un mundo en el que nos han enseñado a pasar piolita. Pero aquí estoy, diciéndolo en voz alta y con negrita: he crecido, he ido más allá de mis límites, e incluso más allá de mis miedos.

Con estas líneas, vuelvo a abrir este espacio, con una tonalidad distinta y de una forma distinta.

Y si aún no nos has escuchado, te invito a hacerlo, en nuestro último capítulo, junto a Julieta, estuvimos hablando de la Vida Sexual durante la Gestación. Si te encuentras gestando, no dejes de escucharlo.

Un abrazo,

Caro

Semana Mundial de la Salud Mental Materna

Semana Mundial de la Salud Mental Materna

Este miércoles 4 de mayo se conmemoró el día Mundial de la Salud Mental Materna, conmemoración que se viene realizando desde el año 2016 con el objetivo de aumentar la conciencia acerca de los problemas de salud mental que afectan a las mujeres madres.

«Juntas somos mas fuertes», es el lema que acompaña esta campaña, motivándonos a implicarnos desde la vereda en que nos encontremos. La salud mental de las madres no solo es necesaria para el desarrollo y crecimiento de los hij@s, sino que también repercute en la salud de la sociedad actual y futura.

Cada vez existen más estudios que corroboran que muchas mujeres sufren y experimentan emociones negativas frente a los  cambios vitales que ocurren durante la gestación y el posparto. Uno de cada cinco mujeres presenta algún problema de Salud Mental durante el embarazo y hasta un año después del parto en muchos países y más del 75 % de las mujeres no son diagnosticadas y no reciben el apoyo o tratamiento adecuado. Las cifras son alarmantes y su repercusión aún más.

Fuente: Sociedad Marce

 

El estrés y la enfermedad mental materna pueden afectar directamente al feto y al recién nacido, generando un impacto sobre su desarrollo físico, cognitivo y emocional, los que pueden perdurar en el tiempo. Por tanto, la atención y los cuidados hacia la salud mental de la madre proporcionan el apoyo necesario para que las mujeres puedan adaptarse mejor a los desafíos que conlleva la experiencia de ser madre, promoviendo un vinculo afectivo adecuado con su bebé, así como también el fortalecimiento y desarrollo de capacidades para el cuidado eficaz y nutricio del recién nacido.

Como centro, te invitamos a vivir la maternidad en compañía y con los cuidados y apoyos que sean necesarios. Te invitamos a no esconder el malestar detrás de la idea de la «Super Madre» con el afán de cumplir o estar a la altura de lo que la sociedad nos ha impuesto como modelo de maternidad.

Fuente: Sociedad Marce

LA REALIDAD DE LA ADICCIÓN A LAS DROGAS

LA REALIDAD DE LA ADICCIÓN A LAS DROGAS

ADICCIÓN A LAS DROGAS

Dolor y desesperanza

Cuando existe una dependencia a las drogas, generalmente es imposible pensar en otra cosa que no sea la droga, el modo de conseguirla, la forma de consumirla y los espacios para hacerlo. Cuando se está “enganchado a ella”, la situación se vuelve en contra de uno y los demás. Al principio es posible obtener cierta gratificación aparente. Pero, más temprano que tarde, la conducta empieza a tener consecuencias negativas en la vida del consumidor.

 

¿Y qué es la adicción a las drogas?

La adicción se presenta como un abuso en el empleo de sustancias que conlleva un deterioro en las distintas áreas de la vida: social, familiar, laboral, recreativa, amorosa, etc., y hay un patrón o tipo de consumo de la sustancia que finalmente termina perjudicando a quien la consume. El abuso de drogas puede conducir a enfermedad crónica, recurrente, progresiva y terminal.

Las sustancias, las drogas, también afectan e interfieren en el funcionamiento normal del cerebro. Llega un momento en que los cambios en el cerebro pueden convertir el abuso de drogas en una enfermedad crónica, recurrente, progresiva y terminal. Las ansias del consumo, la planificación en la búsqueda de drogas y el tiempo premeditado de uso, son conductas que forman parte del aumento del deterioro de todas las áreas y del funcionamiento normal de la persona.

El abuso de la sustancia, puede conducir a una dependencia física pero también a una dependencia psicológica, en la que se puede observar una compulsión a consumir periódicamente la droga para sentir placer, alivio y/o euforia.

 

Las personas dependientes a las drogas se han sentido históricamente sin recursos para enfrentar momentos de disforia

Frente a momentos de incomodidad, en los que priman emociones desagradables o molestas, tales como: la tristeza, la ansiedad y/o irritabilidad, entre otros, las personas dependientes a las drogas, se sienten sin recursos y sin la capacidad de resolución para sobrellevar estos momentos. De este modo, llegan a usar la sustancia adictiva de manera compulsiva y como un instrumento que les permite lidiar con el estado emocional displacentero.

Con el consumo de drogas se produce una desconexión emocional

Como decíamos, las personas que consumen drogas las utilizan como una manera errónea de enfrentar estados emocionales que consideran inmanejables, descontrolados y peligrosos, ya que se sienten sin recursos, habilidades o capacidades para enfrentar estos estados (ref. Javier Guajardo G.) El problema, es que al utilizar las drogas para “sobrevivir” a estados afectivos disfóricos, se va generando un deterioro orgánico y psicológico progresivo.

Esta conducta, el consumo compulsivo de drogas, puede ser entendida como un recurso de autorregulación emocional, pero es un recurso patológico, ya que lo que se busca es la evitación y desconexión de lo que produce malestar. En este proceso, la droga es un instrumento de evitación del estado emocional de base ya que genera estados artificiales y efímeros de euforia, relajo, placer que son contrarios a la emoción displacentera de fondo.

Las drogas son entonces, las que otorgan la desconexión emocional en esta necesidad de no experimentar ansiedad, angustia, disforia, etc. En este escenario, podríamos pensar que la ilusión y fantasía que sostiene la dependencia a las drogas es la de NO SENTIR emociones desagradables, sino estar siempre en un estado de euforia, de placer o control independiente de las situaciones que se deben enfrentar.

Así, la desconexión emocional, la intoxicación permanente y la necesidad de sostener el recurso de la droga a pesar de los costos, sostienen la adicción sin que el sujeto reconozca o parezca consciente de cómo se perjudica a sí mismo y a los demás.

Esto se traduce en un sujeto enfermo, sin voluntad y que requiere ayuda.

El abuso de drogas puede conducir a una enfermedad crónica, recurrente, progresiva y terminal.

 

Te presentamos algunos indicadores que dan cuenta de un consumo dependiente a las drogas:

 

  • El consumo de drogas continúa a pesar de que existe conciencia de las consecuencias negativas.
  • La persona tiene dificultad para controlar el uso de la droga o siente que su consumo está fuera de control.
  • Presenta intoxicaciones frecuentes.
  • La persona reduce de manera considerable las actividades sociales, laborales, educativas o recreativas.
  • Recurre a la droga para aliviar el malestar provocado por su falta.
  • Presenta problemas físicos asociados.
  • Experimenta permanentemente deseos de consumir.
  • Presenta incapacidad de abstenerse y de detenerse; se ha prometido muchas veces no consumir más y no lo logra.
  • La mentira es recurrente, casi siempre está irritable, enfadada y/o con ganas de discutir.
  • Tiene cambios rápidos y pronunciados en el estado de ánimo.

 

 

Las drogas alteran la forma de percibir y conectarse con el mundo.

La adicción altera el funcionamiento general de la persona, de manera progresiva y con riesgo vital inminente.

La adicción produce dolor, desolación y desesperanza.

 

Por Michelle Oberreuter Gallardo.

¿Qué es la ansiedad climática?

¿Qué es la ansiedad climática?

¿Qué es la ansiedad climática?

¿Y qué podemos hacer al respecto?

La ansiedad climática hace referencia a la preocupación, la frustración, el dolor e incluso la ira asociados a la realidad de la crisis climática y al constante fracaso de los gobiernos a la hora de actuar con la urgencia que requiere.

Es una respuesta perfectamente normal y saludable frente a la destrucción del mundo natural y a la inacción política.

Los miembros de Avaaz financiaron una encuesta realizada a niños, niñas y jóvenes sobre ansiedad climática. Se encuestaron a 10 mil personas en 10 países  de todo el mundo. Se logró demostrar que la ansiedad relacionada con la crisis planetaria es muy alta porque:

– Estamos presenciando desastres climáticos devastadores

– Los gobiernos están fracasando en tomar medidas para detener la crisis.

Estos son los hallazgos del estudio:

  • Casi la mitad de los jóvenes encuestados a nivel mundial (45%) asegura que la ansiedad relacionada con el cambio climático está afectando su vida cotidiana: la forma en la que juegan, comen, estudian y duermen.
  • Más de 7 de cada 10 (75%) encuestados cree que “el futuro es aterrador”.
  • El 58% expresó que los gobiernos están “traicionándoles a ellos y/o a las futuras generaciones», mientras que el 64% dijo que sus gobiernos no están haciendo lo suficiente para evitar una catástrofe climática.
  • Casi 4 de cada 10 jóvenes (39%) dice que ahora tienen dudas acerca de tener hijos.

¡Estos resultados son alarmantes! y no solo afecta a niños y niñas, sino que la ansiedad climática la sienten personas de todas las edades, en todas partes.

 ¿Qué podemos hacer con la ansiedad climática?

Consejos e ideas de la Alianza de Psicología Climática

Recuerda que no estás solo/a. Muchas personas quizá estén igual de ansiosas que tú, simplemente puede ser que no estén hablando de ello.

Crea un espacio para hablar sobre el cambio climático, específicamente sobre los sentimientos que surgen en ti y en los demás.

Debes saber que esto no depende solo de ti. Es poco lo que una sola persona puede hacer y, aunque las medidas individuales SÍ que tienen un impacto, la responsabilidad es colectiva.

Haz todo lo que puedas para cuidarte física y emocionalmente. Suena obvio, pero cuidar de lo básico puede ayudarte a mejorar tu resiliencia y a mantener los pies en la tierra.

Pasar tiempo en la naturaleza puede servirte. Conecta con la naturaleza y permítete disfrutar de su belleza. Nuestro amor por la naturaleza puede inspirar nuestra lucha por proteger el planeta.

Sentir cierto grado de ansiedad climática es una respuesta natural, y hablar de ello ayuda.

No es cuestión de “arreglar” o “solucionar” nuestra ansiedad, sino de aprender a vivir con ella. Para cada uno de nosotros, se trata de reconocer esos sentimientos y respetarlos para, de esta forma, poder comprometernos con la resolución de la crisis y pedir cuentas a nuestros líderes sin caer en la desesperación o en la negación.

FUENTE avaaz.org

Por Michelle Oberreuter Gallardo

Heridas Emocionales: Humillación, Traición e Injusticia según Lise Bourbeau

Heridas Emocionales: Humillación, Traición e Injusticia según Lise Bourbeau

*Continuación publicación “Qué son las Heridas Emocionales según Lise Bourbeau”
Anteriormente te contábamos sobre las heridas de Rechazo y Abandono. Veamos que nos dice Bourbeau sobre la humillación, traición y la injusticia y sus respectivas máscaras que se crean para no verlas, sentirlas ni percatarse de ellas:

Humillación

Es una de las heridas emocionales más difícil de detectar y se produce cuando el niño siente que uno o ambos padres se avergüenzan de él. Generalmente ocurre a través de mensajes donde los padres les comparan con otros niños, les critican (de forma verbal o mediante gestos), les dicen las cosas que hacen mal y, en muchas ocasiones, lo hacen públicamente. El niño crece con la sensación de que desagrada a sus padres. Las personas que deberían amarle incondicionalmente no lo hacen, entonces se castigará porque su conducta no sea digna de ese amor.
El sentimiento que emerge es el de la culpa y vergüenza.
Son personas que se olvidan por completo de ellas mismas, tienden a olvidarse de sus propias necesidades para complacer a los demás y ganarse su cariño, aprobación y respeto.

La máscara que generan es la del MASOQUISTA. La humillación se busca de manera inconsciente y antes de que les castiguen los demás, se castigan ellos mismos.
Algunas características significativas de estas personas es que niegan todos sus deseos ya que creen no merecerlo, se avergüenzan de ellos mismos y creen no merecer lo bueno que les pasa, se castigan a sí mismo y se exponen a situaciones humillantes. Se centran en las necesidades y deseos de los demás, incluso suelen culparse si alguien de su alrededor no es feliz. Por otro lado, cuando se enfadan se desahogan humillando a los demás.
Quien ha sufrido la humillación de pequeño tiene dificultades para expresarse como adulto, y es especialista en ridiculizarse a sí mismo. Se considera mucho más pequeño, menos importante y menos digno, valioso o capaz de lo que en realidad es.
Al estar dispuestos a hacer cualquier cosa por sentirse útiles y válidos, contribuye a alimentar más su herida, ya que su propio auto-reconocimiento depende de la imagen que los demás tienen de él.

Esta herida se sana soltando la pesada carga que el humillado lleva en la espalda. Se consigue trabajando sobre la creencia errónea de que solo puede ser amado a través de los demás, haciendo énfasis también en reconocer las fortalezas, valorar lo que hacen bien y por sobre todo que él o ella se ocupe y se cuide a sí misma.

 

Traición

Es posible traicionar a alguien o sufrir una traición de distintas maneras.


Es natural que el bebé se fusione desde el nacimiento con su madre y que tenga gran necesidad de atraer su atención y sus cuidados. Sin embargo, la madre debe seguir dedicándose a sus labores cotidianas y ocuparse también de otros miembros de la familia.
Muchas personas que tienen la herida de traición han sufrido porque el progenitor del sexo opuesto no cumplía sus compromisos según sus expectativas infantiles de un «progenitor ideal».
Cuando el niño comienza a vivir experiencias de traición se crea la MÁSCARA del CONTROLADOR para protegerse de cualquier forma de traición, proveniente de ellos mismos o de los demás.

Como les es difícil aceptar cualquier forma de traición, hacen todo lo que está en sus manos por ser personas responsables, fuertes, especiales e importantes.
Cuando las cosas no funcionan según sus expectativas, es fácil que se vuelva agresivo, aunque no parezca estarlo, ya que en realidad aparenta ser alguien seguro de sí mismo, fuerte y una persona que no permite que la pisoteen.

Algunas características de estas personas son:
– Tiene altibajos en su estado de ánimo.
– Le es difícil delegar una tarea y depositar su confianza en otros.
– Son muy exigentes consigo mismos porque necesitan demostrar a los demás de lo que son capaces.
– Le teme a los compromisos, lo que proviene de un miedo aún más profundo: el miedo a la ruptura de un compromiso.
– Cree que debe ayudar a los demás a organizar sus vidas, sin percatarse de que actúa así para controlar.
– Si alguien no confía en él, piensa que le han traicionado; para evitar este sentimiento doloroso de traición, hace todo lo posible para que los demás depositen su confianza en él.
– Le aterroriza que le mientan.
– El mayor temor es la DISOCIACIÓN, sentirse separado o apartado del otro.
– Si temen comprometerse es porque también temen la separación.
– La NEGACIÓN es otro gran temor, ya que para él recibir una negativa significa ser traicionado.

La herida de traición se despierta en él cada vez que tiene frente a sí a alguien que no cumple con sus compromisos y cuanto más profunda sea la herida de traición, más deseará tener el control y prever el porvenir, sobre todo para evitar sufrir la traición, pero cuanto más profunda también, dice la autora, más significará que traiciona a los demás o que se traiciona a sí mismo al no confiar o no cumplir consigo mismo sus propias promesas».

Injusticia

Esta herida se crea cuando durante la infancia se siente que los padres son autoritarios, exigentes, fríos e intolerantes.
El mensaje que reciben los niños es que «no son suficientes», ya que los padres buscan que sus hijos sean perfectos y que no se equivoquen nunca.
El nivel de exigencia es muy alto, predominando las obligaciones por sobre los derechos, lo que genera la sensación de INJUSTICIA.

Estos niños tienen creencias asociadas a tener que ser el/la mejor en todo, a la necesidad de control, las creencias de no tener que pedir ayuda y que la vida es una competencia. Por lo mismo son perfeccionistas con ellos mismo y con el resto, además de ser muy exigentes y controladores, críticos y rígidos. También tienden a enfadarse y frustrarse fácilmente cuando las cosas no son como ellos quieren, cuando se equivocan o no hacen las cosas bien. Su valía la relacionan con las cosas que hacen, por eso pasan gran parte de tiempo haciendo cosas. Por último, tienen un marcado sentido de la injusticia y el deber. Estas son las características más significativas.

La máscara que se genera es la de la RIGIDEZ e INFLEXIBILIDAD, no permitiéndoles disfrutar de lo que hacen ya que para ellos todo es como un examen. Ya de adultos, suelen tener problemas para aceptar otros puntos de vista u opiniones, para poner límites, llegar a acuerdos y aceptar los propios errores.

Son personas muy sensibles, pero tratan de todas las formas de no mostrarlo para no parecer débiles. Además, para protegerse, intentan desvincularse de sus sentimientos, proyectando ser fríos e insensibles.

¿Qué hacer para sanar? Cultivar la flexibilidad, la tolerancia y la confianza hacia los demás. Siempre partiendo por ellos mismos, practicando la empatía, la identificación de emociones y la expresión de las mismas.
La sanación se alcanzará siendo autocompasivos y amables con ellos mismos.

Por último, enfaticemos que la causa principal de una herida, dice Bourbeau, se deriva de la incapacidad de perdonar lo que nos hacemos a nosotros mismos o lo que hacemos sufrir a otros.

 

Ref. Libro “Las cinco heridas que impiden ser uno mismo” Lise Bourbeau

Por Michelle Oberreuter Gallardo

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