¿Alguna vez te has preguntado si tu fe o tu espiritualidad tienen un impacto sobre tu salud?

De forma esporádica las noticias presentan a alguien que ha experimentado un profundo milagro médico, como la desaparición de la enfermedad que, según los informes, llevó hacia la santidad a la Madre Teresa.

Sin embargo, estos profundos milagros no le suceden a las personas corrientes ¿Qué pasa entonces con la espiritualidad cotidiana? ¿Puede ser igualmente sanadora?

En un artículo publicado en 2003 por el Journal of the American Psychologist titulado “Religión y espiritualidad: vínculos con la salud física“, los autores presentan evidencia que vincula la religión o la espiritualidad en relación con la mortalidad, la discapacidad o la recuperación de una enfermedad.

Basándonos en éste y en otros estudios que se citarán más adelante, hemos considerado estos cinco beneficios que la espiritualidad puede aportar a la salud física y mental de una persona.

Contenido del artículo 

1 1. Conectividad: un sentimiento de “No estoy solo”
2 2. La Comunidad y el apoyo social
3 3. La meditación como curación
4 4. Una estrategia de afrontamiento
5 5. Esperanza

1. Conectividad: un sentimiento de “No estoy solo”

La fe y la espiritualidad te conectan a un ser y a un poder superior. Puedes poner a ese ser superior el nombre que quieras: Jesús, Alá, Creador, Ser Supremo, Energía, Buda… Hay muchas posibilidades.

Sin embargo, el nombre no es tan significativo desde el punto de vista psicológico, como tener esa sensación de esta conectado a un ser superior que te protege.

Esto no es sorprendente, ya que la investigación muestra cómo la soledad juega un papel importante en la génesis de la enfermedad mental. La sensación de un poder superior, de algo o alguien, una fuerza externa a ti mismo te da un sentido de pertenencia y unión que ayuda en muchos casos a no sentirte solo.

2. La Comunidad y el apoyo social

Generalmente la espiritualidad involucra una comunidad de la iglesia o un grupo de creyentes que comparten valores comunes. Esta comunidad podría estar en línea, en una mezquita, una sinagoga, una iglesia o un templo. Una vez más el lugar es lo menos importante.

La actual tendencia al individualismo, el estilo de vida acelerado, la movilidad geográfica y cultural, han evolucionado en las últimas décadas, haciendo que algunas comunidades forjadas naturalmente desaparezcan de la vida cotidiana.

El Dr. Jeff Levin, un epidemiólogo social que ha estado recolectando datos durante treinta años para ver si existe un vínculo entre espiritualidad y salud, concluye que entre el 80 y el 90 por ciento de los estudios consultados muestran una correlación positiva entre ambas variables.

En su informe, que incluyó más de doscientos estudios sobre la fe y la salud, descubrió que los creyentes que tienen una comunidad espiritual común tienden a tener una estructura de apoyo social, que mejora su salud general.

Una comunidad organizada alrededor de la fe permite que las personas se sientan conectadas, no solo con un poder superior sino también entre sí. Incluso aquellos que pueden sentirse desconectados de sus familias pueden encontrar una familia en su fe o en su espiritualidad.

3. La meditación como curación

El Dr. Levin también señala en su investigación: “La meditación y la oración pública generan emociones positivas, que pueden beneficiar la buena salud general”.

La espiritualidad proporciona de este modo una salida para reflejar y aliviar el estrés y el dolor. Puede ser una experiencia de aprendizaje para quien busca obtener sabiduría u orientación. O puede ser una simple desconexión de lo cotidiano que se convierte en un momento de unión con Dios, la naturaleza o la energía positiva.

Muchos estudios han reportado que la oración y la meditación proporcionan alivio físico o esperanza en la curación: Un seguimiento de tres años realizado sobre pacientes psiquiátricos en relación a los efectos de la meditación vio una reducción significativa del estrés en el tratamiento de los trastornos de ansiedad.

Este otro estudio publicado en el Journal of Psychosomatic Medicine informó que “la intervención de reducción de estrés basada en la meditación en atención plena (mindfulness)” ayudó a disminuir los síntomas en pacientes con psoriasis.

La meditación y la oración no solo proporcionan una salida, sino que también pueden reducir el estrés, acelerar la recuperación e incluso disminuir la presión arterial y fortalecer el sistema inmunológico.

Harold G. Koenig, MD, en su investigación como director del Centro de Espiritualidad y Salud de la Universidad de Duke, descubrió que quienes se benefician más de la religión y la espiritualidad son quienes asisten a servicios religiosos y practican la oración o la lectura espiritual en el hogar de forma regular.

El Dr. Koenig, quien dirige seminarios para el programa de Educación Continua de la Facultad de Medicina de Harvard y es autor de un buen número de libros sobre el tema, descubrió que las personas que asisten regularmente a los servicios religiosos, rezan individualmente y leen la Biblia, tienen menos probabilidades de sufrir ciertos tipos de hipertensión, tienen sistemas inmunes más fuertes, tienden a ser hospitalizados con menos frecuencia y abandonan el hospital antes que aquellos que rara vez o nunca asisten a la iglesia.

4. Una estrategia de afrontamiento

La espiritualidad puede dar un sentido profundo a la vida, al sufrimiento y a la muerte que nos ayuda en el transcurso de nuestras vidas.

La investigación publicada a este respecto en el Journal of Behavioral Medicine señala: “Una gran cantidad de estudios sugieren que las personas confían en su espiritualidad y su fe religiosa cuando se enfrentan a enfermedades, y que estas formas de afrontamiento generalmente se asocian con resultados de salud positivos.

Eso incluye menos depresión y una mayor supervivencia, menos complicaciones pos-quirúrgicas y un inicio retrasado y una progresión más lenta de la discapacidad física”.

Las creencias religiosas suelen proporcionar significado, o dar una explicación ante la dificultad y el dolor, ayudando a la persona a sobrellevarlo mejor.

Algunas tradiciones de fe aportan una historia narrativa o una lista moral de cosas que hacer. De esta manera, la espiritualidad proporciona respuestas a muchas de las preguntas que el ser humano se hace: ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué debo hacer con mi vida?.

La espiritualidad, al proporcionar respuestas, proporciona también un sentido de propósito y dirección. Aquellos que han encontrado un propósito en la vida, la encuentran más intencional y significativa, mejorando el bienestar mental y la salud física.

5. Esperanza

La esperanza es un sentimiento de expectativa y deseo de que algo suceda, es un estado de ánimo en el que se nos muestra como posible aquello que anhelamos. Comparado con el resto de beneficios que la espiritualidad proporciona, probablemente la esperanza sea el mejor de todos.

Ya sea esperanza para la realización personal en la vida cotidiana, o esperanza para la felicidad eterna en próximas vidas, la mayor parte de las creencias religiosas incluyen la esperanza como una virtud clave.

Altos niveles de esperanza están asociados con un mejor desempeño y éxito académico, deportivo y profesional, un mayor bienestar físico y psicológico y mejores relaciones interpersonales (Lopez & Snyder, 2009; Lopez, 2013), y desde el ámbito de la psicología positiva, la esperanza es entendida como una estrategia que ayuda a abordar la vida desde el «sí» y el “yo puedo”.

Igualmente, las personas con alta esperanza parecen más orientados a formar conexiones con otras personas, ya que muestran interés por las metas de los demás, disfrutan de interactuar con otros y perciben mayor apoyo social (Lopez & Snyder, 2009).

En resumen, la investigación muestra que el nivel de religiosidad o vida espiritual está directamente relacionado con la salud y la recuperación en general.

La vida de fe parece ciertamente poder ayudar a disminuir el estrés y la depresión, así como a la recuperación de enfermedades físicas.

Tal vez no sea mala idea incluir entre nuestros hábitos unos minutos al día de lectura espiritual, de oración o de meditación. Esto nos conectará con nosotros mismos y también con una “energía superior” que, sin importar su nombre o su procedencia, parece ser tan buena para nuestros cuerpos como lo es para nuestros espíritus.

Referencias Bibliográficas

Kelley, B. S., & Miller, L. (2007). Life satisfaction and spirituality in adolescents. Research in the Social Scientific Study of Religion, 18, 233–262.
Marques, S.C., Lopez, S.J. & Mitchell, J. J Happiness Stud (2013) 14: 251. https://doi.org/10.1007/s10902-012-9329-3.
Wachholtz, A.B., Pearce, M.J. & Koenig, H. J Behav Med (2007) 30: 311. https://doi.org/10.1007/s10865-007-9114-7.

Fuente: www.psicopedia.org

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