Un estudio en EEUU muestra que las personas que de forma continuada desempeñan un trabajo que les desagrada presentan un mayor índice de problemas mentales, como depresiones y problemas de sueño
Pasamos entre ocho y 10 años enteros de nuestra vida en el trabajo. La cifra es el resultado de sumar todas las horas que dedicamos a nuestra actividad laboral hasta la jubilación y aunque, naturalmente, variará según la persona, el empleo, su carrera y el país, la cifra pone de manifiesto la importancia que puede llegar a tener el trabajo en nuestra vida. Las vacaciones son un buen momento para hacer balance de nuestra carrera, descansar y afrontar el nuevo curso con energías renovadas. Pero, si es probable que incluso a aquellos que les gusta su trabajo les cueste regresar, para las personas que están hartas de él la perspectiva de volver puede convertirse en una auténtica pesadilla que, además, pasa factura a su salud.

Así lo asegura un estudio que ha medido desde 1979 el impacto de la actividad laboral en la salud de 6.442 ciudadanos de EEUU. El trabajo, presentado esta semana en Seattle, durante el Congreso de la Asociación de Sociología Americana, muestra que desempeñar un trabajo que no nos gusta de forma continuada causa problemas mentales y, en menor medida, físicos.

Las consecuencias en la salud de las personas que desde jóvenes han tenido un empleo poco satisfactorio se notan ya al cumplir los 40. «No hay que estar cerca del final de tu carrera para sufrir el impacto de la insatisfacción laboral en la salud, en particular en la salud mental», explica Hui Zheng, profesor de Sociología en la Universidad del Estado de Ohio y coautor del artículo.

Efecto acumulativo

Para hacer el estudio, utilizaron datos de adultos que habían participado en la Encuesta Nacional de la Juventud de 1979, que siguió su trayectoria profesional durante años. Cuando comenzó el estudio tenían entre 14 y 22 años. Años después se midió su satisfacción por sus trayectorias profesionales. Les pidieron que evaluaran del 1 al 4 cuánto les gustaba su trabajo. En función de sus respuestas los agruparon en cuatro grupos: a los que les gustaba (15%), a los que no (45%), aquellos que al principio disfrutaban pero con los años dejó de gustarles (23%) y aquellos que al principio no les gustaba pero fueron mejorando (17%). Después de que los participantes cumplieran los 40 se evaluaron distintos parámetros de su salud.

Las personas que aseguraron no estar contentas con su empleo obtuvieron una peor valoración en todos los aspectos de salud mental evaluados. Así, presentaban mayores niveles de depresión, problemas para dormir, se mostraban más preocupados, tenían mayor tendencia a que les diagnosticaran problemas emocionales y obtenían un peor resultado en el test de salud mental global.

Más resfriados y dolores de espalda

Aunque los efectos en la salud física fueron menos llamativos, el grupo de insatisfechos con su trabajo y los que habían ido empeorando su valoración sufrían con más frecuencia dolores de espalda y resfriados que los miembros de los otros grupos. «Descubrimos que hay un efecto acumulativo que se manifiesta en la salud muy pronto, durante la cuarentena», apunta Jonathan Dirlam, investigador del mismo centro y autor principal del estudio. Zheng, por su parte, subraya que «los altos niveles de problemas mentales que presentaban podrían ser precursores de futuros problemas físicos. La ansiedad y la depresión pueden dar lugar, entre otros, a problemas cardiovasculares cuando sean más mayores».

La buena noticia es que aquellos que empezaron su carrera con un trabajo poco gratificante pero fueron mejorando no presentaron los problemas de salud asociados a una baja satisfacción laboral.

«El efecto acumulativo es clave», explica Jesús de la Gándara Martín, jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de la Universidad de Burgos. Este especialista, que ha escrito varios libros sobre el denominado síndrome de estar quemado [burnout en inglés], lleva años tratando a pacientes que lo sufren.

«La pérdida de calidad en el trabajo es progresiva en las personas que se sienten quemadas. Hay diferentes estadios o niveles que van dando lugar a problemas de salud mental, física y de salud social, porque también afecta a las relaciones que mantiene con otras personas, con sus familias y al interés por desarrollar sus hobbies u otras actividades personales. Si la situación no mejora, puede dar lugar a infartos, hipertensión, depresiones, ansiedad, insomnio, consumo de sustancias y, con frecuencia, abandono de la profesión», enumera en conversación telefónica.

Los profesionales que deben tratar con el público, como aquellos que trabajan en el sector de la salud, la educación, la hostelería o el comercio, son los más vulnerables a sufrir burnout, según De la Gándara.

El estudio en EEUU concluyó antes del inicio de la crisis económica que comenzó en 2008 y que, según apunta Zheng, «seguramente ha aumentado la insatisfacción laboral y la inseguridad laboral, lo que podría haberse traducido en más efectos negativos para la salud». Jesús de la Gándara ha experimentado el impacto de la crisis en su centro: «No dispongo de cifras concretas, pero mi impresión es que más que aumentar el número de personas que vienen a la clínica, ha cambiado el modelo. Antes de la crisis la gente se quejaba de su trabajo pero no solía consultar con un especialista. Ahora nos llegan personas que están tan mal que vienen al psiquiatra, autónomos o profesionales que trabajan en muy malas condiciones».

Según la Encuesta de Calidad de Vidad Trabajo del INE del año 2010 (la última realizada), el 50% de los encuestados declaraba sentirse satisfecho con su trabajo y un 24,1% muy satisfecho, mientras que el 21,9% afirmaba estar insatisfecho y el 3,7% muy insatisfecho.

Precariedad del empleo juvenil

Para Zheng, su estudio muestra la importancia del tipo de empleo que desarrollan los jóvenes, una reflexión que comparte De la Gándara y que traslada a España, donde el alto índice de paro les obliga a menudo a aceptar empleos precarios. «Hay que distinguir entre trabajo y profesión. Muchos jóvenes están preparados profesionalmente, pero sólo trabajan y, a veces, en condiciones de verdadera esclavitud. Cada vez se sienten menos implicados y eso va a tener consecuencias desastrosas en el futuro».

Según el psiquiatra, el problema no se resuelve «aumentando el sueldo o las vacaciones, sino dando importancia y significado a lo que las personas hacen. Es muy importante que la gente se sienta identificada con lo que hacen, que cuando salen del trabajo puedan hablar de ello de forma positiva».

De la Gándara y sus colegas han desarrollado el Cuestionario Urgente de Burnout (C.U.B.O) para evaluar si se sufre este problema (puede verlo al final del artículo). Para los que se identifiquen con los síntomas pero cambiar de empleo no sea una opción, el psiquiatra ofrece algunas recomendaciones: dar importancia a la formación profesional e identificar cosas que se quieren aprender; corregir el lenguaje negativo; poner límite al trabajo y evitar que invada la esfera privada; cuidar el lugar de trabajo para que resulte agradable; participar en actividades profesionales colectivas o cuidar la relación con familiares y amigos.

¿SUFRE ‘BURNOUT’?

Responda a este cuestionario desarrollado por Jesús J. de la Gándara y Ramón G. Correales, del Complejo Asistencial de la Universidad de Burgos, puntuando del cero al cinco cada pregunta y después sumando las cifras de cada una de ellas.

CERO. Nunca me ha ocurrido. / UNO. Rara vez me sucede. / DOS. Me sucede a veces, algunos días. / TRES. Me sucede con frecuencia. / CUATRO. Me sucede muy a menudo, muchos días. / CINCO. Me sucede casi siempre, es raro que algún día no me ocurra.

  1. Sólo de pensar en el trabajo que me espera, me siento cansad@ y creo que no voy a poder con ello.
  2. El trabajo diario me agota tanto que después no me siento con ganas de hacer nada más.
  3. Cuando pienso en cómo está mi profesión, creo que me he equivocado al elegirla (¡No se la recomendaría a mi hij@!).
  4. Tengo la sensación de que mi trabajo no se valora, que no se reconoce ni estima lo que hago.
  5. Me siento tan tens@ o nervios@ que he tenido que tomar algo (tranquilizantes, alcohol…) para relajarme, dormir o poder ir a trabajar.
  6. Me siento presionad@ y por l@s clientes, me da miedo enfrentarme a ell@s y a menudo me pongo a la defensiva.

Propuestas de corrección del cuestionario

0 puntos: Prácticamente imposible, esto no le sucede a casi nadie.

1-6: No tiene Burnout, le puede pasar a cualquiera, pero no debería descuidarse

7-12: No tiene Burnout, pero está a punto de tenerlo, tome precauciones.

13-18: Sufre Burnout, aunque todavía no es grave, haga algo para resolverlo.

19-24: Sufre Burnout grave, si no hace nada acabará con complicaciones de salud.

Más de 24: Ya sufre complicaciones del Burnout, está enferm@, pida ayuda a su médico.

Fuente: elmundo.es

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