Por Ps. María Bustamante

La ansiedad en niños es una emoción que pertenece a los mecanismos básicos de supervivencia ante situaciones nuevas o amenazantes, incitándonos a actuar o escapar. La ansiedad en niños, es el trastorno psiquiátrico más frecuentes en la infancia. Cuando aparece de una manera reiterada y evoluciona sin tratamiento, genera efectos negativos en el funcionamiento académico, social y familiar de los niños, interfiriendo gravemente en su desarrollo. El psicólogo infantil tiene la capacidad de detección e intervención temprana, atendiendo a síntomas asociados con la ansiedad en niños, lo que va a disminuir considerablemente el riesgo de persistencia en la edad adulta. Los síntomas de ansiedad en los niños pueden ser de naturaleza muy variadas y a veces se confunden con reacciones propias del miedo, pudiendo aparecer como:

  • Apego excesivo a los padres con gran inquietud ante la separación.
  • Preocupación en exceso por lo que puede ocurrir a personas queridas.
  • Miedo ante ciertas situaciones sociales.
  • Rechazo a ir al colegio.
  • Quejas físicas variadas.
  • Tensión muscular.
  • Fatiga fácil.
  • Irritabilidad.
  • Hiperactividad.
  • Oposicionismo.
  • Inquietud o impaciencia.
  • Dificultad para concentrarse o tener la mente en blanco.
  • Resistencia a ir a dormir.
  • Alteraciones del sueño.

El papel del psicólogo infantil en una situación de síntomas de ansiedad en niños consistirá en detectar qué tipo de trastorno de ansiedad puede estar cursando, para elaborar así una estrategia de intervención adaptada a las necesidades de cada caso en particular. Esta debe ser integral, prestando atención a los factores que pueden estar interviniendo. Las investigaciones sugieren que en la ansiedad del niño confluyen factores biológicos, psicológicos y sociales que pueden tener un papel predisponente en el desarrollo de este trastorno:

  • Factores biológicos: Se refieren a una probable disfunción de neurotransmisores, que regulan el estado de ánimo y el comportamiento.
  • Factores psicológicos: Incluyen la valoración personal y subjetiva que la persona hace de sí misma (autoestima), los rasgos de personalidad y los recursos y estrategias de que dispone el niño para afrontar las situaciones que le preocupan.
  • Factores sociales: Incluyen los acontecimientos vitales, situaciones traumáticas, estilo educativo de los padres, y procesos de socialización en diferentes ámbitos de su vida, como familia, escuela, amigos, teniendo en cuenta que los temores pueden ser el resultado de conductas aprendidas, transmitidas a veces, por adultos temerosos.

La labor del psicólogo infantil es ayudar a detectar y modificar distorsiones de pensamiento que generan respuestas disfuncionales, aportando herramientas al niño que le permitan afrontar sus temores de una manera operativa, generando otra forma de interactuar con el medio y potenciando sus recursos y autoeficacia. Dicho trabajo debe ir complementado con una intervención con los padres, potenciando en ellos una actitud comprensiva y dotándoles de estrategias que complementen al trabajo con el hijo. Y por último, si hubiera evidencia de disfunción biológica, habría que recurrir a un apoyo farmacológico de forma paralela a la psicoterapia y siempre supervisado por un psiquiatra.

Fuente: centta.es

 

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