El rol de la rabia en el desarrollo

Sebastián Huencheslao Silva
Psicólogo Equipo Fonoinfancia

Pensar la rabia generalmente es terreno complicado, pues es una emoción  culturalmente temida y rechazada, que se nos ha enseñado históricamente a reprimir, negar y esconder. Es esa emoción que se desearía mantener en el rincón oscuro de la casa, ese al que no es grato acercarse  y que sería deseable mantener en la oscuridad en pos de alcanzar un desarrollo social y cultural “adecuado”. Sin embargo, no por mucho esconder, algo dejará de existir; más bien sabemos que estará mucho más presente: he ahí el objetivo de esta columna: intentar iluminar esa parte oscura de la casa, pues la rabia no sólo existe y nos constituye sino que juega un rol muy importante en el desarrollo y en se sentido es importante integrarla.

La rabia emoción natural y válida / La agresión como expresión dañina y desadaptativa

Para comenzar, es relevante considerar que la rabia es una emoción que se manifiesta de forma independiente de la cultura o sociedad en la que se sitúe a la persona; tiene una expresión facial universal, lo que nos permite reconocerla en cualquier sujeto independientemente de la mediación del lenguaje y  aparece en el niño/a espontáneamente desde edades muy tempranas. Es en este sentido, no es aprendida sino innata y por lo tanto, es considerada una emoción básica del ser humano. Siguiendo esta lógica, cabe preguntarse: ¿si la rabia es  un aspecto emocional básico presente en nuestra constitución, por qué se le ha posicionado culturalmente como una emoción negativa que deber ser reprimida o rechazada en el desarrollo de niños y niñas? Al parecer, la respuesta residiría en la asociación de la rabia a una expresión necesariamente agresiva y que por lo tanto implicaría siempre un daño físico o emocional a otra persona o a quién la experimenta; sin embargo la rabia no es lo mismo que agresión y por lo tanto no siempre sentir rabia estaría asociado a un acto agresivo o dañino.  En este sentido, el distinguir rabia de agresión (entendiendo a esta última solo como una de la amplia gama de alternativas de expresión al momento de sentir rabia), nos permite comprender que si bien de la rabia no podemos “escapar” pues es parte de nuestra constitución y porque sabemos que inevitable no sentir rabia frente a una frustración o conflicto, si es evitable responder agresivamente. La rabia es una respuesta natural, que solo se vuelve dañina cuando se expresa agresivamente generando un daño a uno mismo o a otros; en este sentido, no es la emoción de rabia la que se debería reprimir o censurar sino más bien la agresividad como forma de expresión de esa rabia: un  abordaje adecuado ante la rabia implicaría reconocer su valor y orientarla de una manera que no dañe al niño/a, o a otros. Pensando en esto, en el momento en que por ejemplo le decimos a un niño o niña: “no debes pegarle  a tu compañero (amigo/a, hermano/a) porque le duele”, deberíamos necesariamente incluir una alternativa constructiva que permita al niño expresar su rabia sin hacer daño. Si solo decimos “eso no se hace” el niño/a se queda sin formas de expresar eso que siente.

La rabia en el desarrollo  y el abordaje de las conductas agresivas

La mirada del desarrollo en este tema, implica una visión histórica del niño/a que debería reconocer la rabia como una emoción “natural y válida” y que permitiría considerar que en las primeras etapas del desarrollo de niños y niñas, la expresión de estas emociones generalmente se expresa a través del cuerpo (con un golpe, inquietud, agitación, excesivo movimiento, mordedura, etc.),  solo con el pasar del tiempo, y en la medida que los adultos lo facilitemos, la palabra podrá sustituir al acto de golpear, morder, rasguñar, moverse, entre otros. Es decir, solo en una etapa posterior, con ayuda de los adultos, en vez de un golpe o una mordedura, un niño/a podrá decir: “tengo rabia… pena…no me gusta, etc.” aproximándose hacia una expresión más sana de esa emoción.

Es importante transmitir que en el desarrollo, es positivo e incluso deseable que niños y niñas puedan expresar su rabia, malestar, disentimiento y/o enojo, pues esto implica constituirse como un sujeto con una voluntad, deseos y necesidades propias. Que el adulto pueda reconocer esto permite la evolución psicológica y emocional. En este sentido, estos primeros enojos, rabias y frustraciones que el niño/a experimenta,  son ensayos de esa capacidad que en el futuro le permitirá ser independiente, poner límites, decidir por sí mismo, y autorregular su vida.

Ahora bien, la forma en que los niños y niñas comienzan a expresar la rabia resulta un gran desafío para los adultos porque muchas veces lo hacen de manera intensa y apasionada (con llanto, golpes o mordeduras). Incluso a veces los adultos agravamos la situación perdiendo el control, gritando y amenazando. En este sentido, es importante tener presente que niños y niñas necesitan:

  • Padres y educadores calmados y dispuesto a ofrecer la calma que él niño/a ha perdido y les muestren con el ejemplo cómo se expresan respetuosamente las molestias y las diferencias.
  • Adultos que comprendan lo que les sucede,  nombren las emociones y que los acompañen. Por ejemplo, expresar que se entiende el motivo de su rabia, pena etc.: “parece que te molestó que te dijera que ya no puedes seguir jugando y eso te hizo enojar”, de esta forma, se reconoce que algo le está ocurriendo y el niño/a se sentirá comprendido y acompañado, luego de eso es posible enseñarle, de a poco, respetando el ritmo propio, una forma distinta para expresar lo que siente.
  • Padres y educadores que  reconozcan y favorezcan las acciones qué contribuyen a el niño/a se calme en un marco de respeto.
  • Dejarlos solos, en “tiempo fuera”,  con esa intensidad emocional, no ayuda, pues estas emociones quedan “en el aire”, sin contener, sin tener un sentido, sin comprensión, lo cual incluso puede favorecer expresiones agresivas de la rabia.
  • Adultos disponibles para conversar cuando niños y niñas se han calmado. Es importante, expresarles que se comprende que sienta rabia, pena, frustración, etc. pero mostrar  alternativas para expresar lo que siente sin dañar a otros ni a sí mismo/a. Por ejemplo: golpear con fuerza un cojín o peluche, rayar con fuerza una hoja o incluso gritar sería menos dañino que morder.

Reconocer la rabia como una emoción valiosa en el desarrollo, contribuya  a reconocer a niños y niñas como sujetos en su complejidad y completud, como otros válidos y semejantes.