Agotamiento psicológico: A veces no se cae por debilidad, sino por haber sido demasiado fuertes.

Agotamiento psicológico: A veces no se cae por debilidad, sino por haber sido demasiado fuertes.

A veces nos derrumbamos por haber sido demasiado fuertes, por haber soportado demasiado, por haber estado disponibles durante demasiado tiempo, por haber asumido demasiadas responsabilidades… Cuando hay muchos “demasiados” en nuestra vida, es normal que suframos un profundo agotamiento psicológico.

El agotamiento psicológico suele ser un proceso lento, se va acumulando gota a gota sin darnos cuenta. El problema es que termina “estallando”, a menudo por situaciones sin importancia a las que en otras circunstancias ni siquiera les hubiéramos prestado atención. La gota que colma el vaso puede ser absolutamente cualquier cosa que nos ponga frente a frente con la imposibilidad de seguir adelante. Entonces nos desplomamos, literal o metafóricamente.

¿Qué es el agotamiento psicológico y cuáles son sus causas?

El agotamiento psicológico es un estado de extremo cansancio mental y emocional, que a menudo también se acompaña de la sensación de falta de fuerza física. Ese estado de desgaste extremo está provocado por un desbordamiento de los recursos emocionales y/o cognitivos. En otras palabras: no damos más de nosotros. A menudo se experimenta como una especie de inercia física y mental, una sensación de “pesadez” que envuelve el día a día.

Las causas del agotamiento psicológico son variadas, aunque en muchos casos se aprecia una constante: dar demasiado y recibir muy poco. El agotamiento psicológico aparece como resultado de una entrega constante y hasta desmesurada, ya sea en al trabajo, a los demás, a un proyecto que nos apasiona pero también nos consume, a los problemas cotidianos, a las tareas del día a día…

Al mismo tiempo, no recibimos prácticamente nada a cambio que pueda equilibrar la balanza. No podemos descansar y relajarnos lo suficiente, no pasamos tiempo de calidad a solas con nosotros mismos y no recibimos suficiente atención, cariño y comprensión de las personas cercanas. En práctica, es como si solo sacáramos energía de nuestro cajero emocional pero no nos preocupáramos por hacer ingresos periódicos.

En otros casos ese cansancio mental está provocado por demasiados cambios en muy poco tiempo, aunque estos sean positivos. Sin embargo, al ocurrir tan rápido, no podemos gestionarlos y nos sentimos desbordados. En estos casos, aunque aparentemente tengamos todo lo que deseamos, en nuestra mente tenemos encendido una especie de sensor que nos indica que algo está fallando.

Cansancio mental: Síntomas premonitorios del agotamiento

  1. Pérdida de energía. La sensación de agotamiento psicológico suele reflejarse primero a nivel físico, por lo que es normal que te sientas sin energías, incluso apenas te levantas por la mañana, de manera que cuando abres los ojos piensas que no podrás afrontar la jornada.
  2. Irritabilidad. Uno de los síntomas más evidentes del agotamiento psicológico es el nerviosismo, la irritabilidad y la hipersensibilidad ya que pierdes el autocontrol. A la vez, comienzas a interpretar los estímulos como si fueran amenazas, lo cual te lleva a reaccionar poniéndote a la defensiva.
  3. Insomnio. A menudo detrás del agotamiento psicológico se esconden problemas no resueltos, que dan vueltas una y otra vez en tu mente, de manera que no te dejan conciliar un sueño reparador.
  4. Anhedonia. Incapacidad para disfrutar de los pequeños placeres de la vida, las cosas que antes disfrutabas ya no te animan, es como si de repente el mundo hubiera perdido sus colores. En algunos casos, puedes sentir como si flotaras en una especie de limbo lejano que te distancia de la realidad.
  5. Pérdida de la motivación. Cuando estás extremadamente agotado, simplemente no encuentras la motivación para involucrarte en nuevos proyectos o hacer esas cosas que antes te apasionaban. Cualquier tarea te parece titánica y desarrollas una profunda apatía hacia el mundo. También suelen aparecer sentimientos de desencanto, desilusión y desesperanza.
  6. Fallos de memoria. La atención es uno de los primeros procesos psicológicos que se afectan cuando estás agotado, lo cual también conduce a despistes frecuentes. Es probable que olvides los recados, que no recuerdes donde dejaste las llaves o que incluso te resulte difícil recordar qué comiste el día anterior. Esto se debe a que tu mente está demasiado saturada como para seguir procesando y almacenando información a nivel consciente.
  7. Lentitud de pensamiento. El agotamiento psicológico también afecta los procesos cognitivos, por lo que puedes percibir que piensas con mayor lentitud o que te cuesta muchísimo trabajo pensar. Lo que antes hacías rápidamente, te cuesta mucho más y a veces incluso te resulta difícil darle un sentido lógico a las ideas en la mente o seguirle la pista a un discurso largo.

¿Quiénes son más vulnerables al agotamiento psicológico?

Todos podemos agotarnos psicológicamente, sobre todo cuando atravesamos situaciones de la vida particularmente estresantes, pero existen algunas características de personalidad que nos pueden hacer más vulnerables a ese agotamiento mental.

  • Perfeccionismo. Las personas perfeccionistas, que se exigen mucho a sí mismas, terminan añadiendo un peso extra sobre sus hombros que a la larga representa más estrés.
  • Dificultad para delegar. Las personas que quieren asumir todas las tareas, porque creen que los demás no sabrán hacerlas o no estarán a la altura, son más propensas a sufrir agotamiento psicológico debido a un exceso de responsabilidades.
  • Sensibilidad extrema. Las personas que son muy empáticas e hipersensibles, son más propensas a sufrir un estado de agotamiento emocional debido a que a menudo asumen los problemas de los demás como propios, sin ser capaces de establecer una distancia psicológica de protección.
  • Incapacidad para relajarse. A algunas personas, por las características de su sistema nervioso, les cuesta más relajarse y desconectar que a otras. Es como si su cerebro trabajara a mil revoluciones por minuto constantemente. Sin embargo, a la larga, eso termina pasando factura.

Remedios para el cansancio mental: Las 5 reglas a seguir

Cada quien debe hallar su propio remedio para el cansancio mental, lo cual significa que debes detectar qué está consumiendo tu energía y enfrentar ese problema, quizá desde una perspectiva diferente. Recuerda que a veces un cambio de perspectiva basta para cambiarlo todo, sin que nada cambie.

No obstante, he aquí 5 reglas generales que deberías seguir para lidiar con el agotamiento psicológico:

  1. Descansa. Para ser eficaz y productivo, necesitas descansar. En la vida, es fundamental encontrar un equilibrio entre el trabajo y las obligaciones y el tiempo libre y el descanso. Asegúrate de encontrar el tiempo para relajarte, de manera que se convierta en un hábito cotidiano y puedas prevenir el agotamiento psicológico.
  2. Prioriza. El día tiene 24 horas, aunque quieras no puedes alargarlo. Por tanto, debes aprender a priorizar teniendo en cuenta no solo las cosas que parecen ser urgentes sino también aquellas que más te apasionan y te brindan satisfacción. Llenar tu jornada con tareas que generan agobio y estrés también causa un profundo cansancio mental, por lo que debes asegurarte de encontrar un equilibrio.
  3. Exígete menos. Sé un poco más realista, no eres un superhombre o una supermujer. A veces no pasa nada si te equivocas, si las cosas no salen perfectas o si las aplazas. Se trata simplemente de que no te añadas una presión innecesaria.
  4. Sé compasivo contigo mismo. Se trata de relacionarte contigo mismo asumiendo una actitud más positiva y compasiva. Consiste en modular el discurso que mantienes contigo brindándote confianza y tranquilidad, en vez de recriminarte y criticarte duramente. Un discurso que añada más estrés y malestar se convertirá en el combustible que alimente el agotamiento psicológico.
  5. Reencuéntrate. El agotamiento psicológico suele crear a nuestro alrededor una capa compuesta por preocupaciones, presiones, deberes, angustias y autoexigencias que, a la larga, hace que nos olvidemos de nosotros mismos. Por eso, es importante que encuentres un espacio para estar a solas contigo, unos momentos del día en los que simplemente respires con tranquilidad y conectes con tus necesidades, sueños y anhelos.

Fuente: rinconpsicologia.com

Cómo fomentar la autoestima en los niños

Cómo fomentar la autoestima en los niños

Un niño o niña con autoestima es un niño o niña con autoconfianza, capaz de tomar decisiones, capaz de buscar su propia felicidad. Fomentar la autoestima en los más pequeños hará que sean adultos más completos, más capaces de dirigir su vida hacia donde ellos realmente quieran.

Por supuesto no es algo matemático, aunque los padres y madres nos esforcemos por hacerlo, la sociedad, los compañeros, los amigos, las experiencias que el niño o niña vaya teniendo a lo largo de su vida irán conformando también su personalidad. Pero si parte de la base de una buena autoestima desde casa, tendrá las cosas más fáciles para que su vida sea más parecida a lo que él o ella desea.

Aprender a quererse

No es fácil. Nadie ha dicho que lo sea. Partiendo de la base de que, en la mayoría de las ocasiones, la autoestima de padres y madres no es la más alta del mundo, es difícil no contagiar esa “auto-negatividad” a nuestros hijos.

Quererse no es fácil, no hay peor crítico que uno mismo consigo mismo. Solemos hacernos críticas a nosotros mismos que ni se nos ocurrría hacer a nuestro peor enemigo. Nos insultamos, nos menospreciamos, decidimos que nuestros esfuerzos nunca son suficientes, que siempre podríamos hacer más. Todo esto hace que nuestra autoestima cada vez esté menos desarrollada: imagináos tener a alguien al lado, todo el día, que os fuera diciendo: “eres tonto/a”, “todo el día pierdes el tiempo”, “no haces nada bien”, “todo te sale mal”, “todos son más listos que tu”, “tu cuerpo es feo”, “mira tu barriga cervecera”, y toda una larga lista de lindezas que nos dedicamos a nosotros mismos.

Hay algunos trucos que padres y madres podemos ir incorporando a nuestro día a día que no solo van a servir para fomentar la sana autoestima en nuestros hijos, sino también para aprender juntos a crecer como personas.

Anímale a arriesgarse
El hombre es un animal de costumbres y rutinas. Cuando algo nos está bien es difícil que nos movamos a cambiarlo si no es que existe una motivación fuerte detrás. Y eso está bien, nuestra vida puede ser perfectamente tranquila así.

Pero es importante que los niños se arriesguen a probar cosas para poder decidir, en base a sus propias experiencias si aquello les gusta o no. Un niño es un científico experimental, necesita probar y comprobar las cosas para que pueda aprenderlas por si mismo. Así que anímale a arriesgarse.

Haz que pruebe todo tipo de comidas, independientemente de si a ti te gustan o no, anímale a que se relacione con otros niños (por ejemplo apuntándolo a alguna actividad extraescolar o a un grupo scout) o a que se arriesgue con el monopatín (siempre dentro de los límites razonables, claro).

Probar cosas nuevas enriquece la mente y le da al niño o niña una sensación de que es realmente él o ella el que decide qué es lo que le gusta o no. Y sobretodo no le “salves”. Es normal que al principio de una nueva actividad el pequeño se frustre, no le salga bien y tenga la tentación de dejarlo. No caigas en el error del “ya te lo hago yo”, no intervengas. Deja que se arriesgue, se caiga y se levante. Que aprenda que él es el encargado.

Deja que cometa errores

Escena típica:

“el niño o la niña está intentando montar una torre con piezas de construcción de juguete. Los padres ven claro que lo está haciendo mal y que en breve la torre caerá porque no tiene estabilidad. Entonces se acercan y le dicen: “eso así no es, mira, te enseño cómo hacerlo”.

Y esto, que nos sale de forma automática a los padres y madres del mundo, en realidad, no le hace ningún favor al niño o niña. Deja que se equivoque, que se le caiga la torre. Deja que experimente la sensación de rabia que produce haber hecho un trabajo y que se caiga. Anímale a que vuelva a intentarlo, que no se rinda. Cada vez lo hará mejor y aprenderá cuál es la manera más óptima de crear lo que él o ella quiere.

Demuéstrale que tu también cometes errores. Reconoce tus errores delante de tu hijo o hija, que entienda que no es sólo él o ella el que se equivoca, que todos cometemos errores y que eso es, precisamente, lo que nos hace intentar con más ahínco seguir adelante.

Practica el refuerzo positivo

No le señales sólo lo que está mal. Seguro que tu hijo hace mil cosas bien hechas a lo largo del día. Es importante que les des importancia y que se las remarques. Un beso después de que recoja sus juguetes, unas palabras de agradecimiento cuando haya puesto los cubiertos en la mesa o un “lo has hecho muy bien” después de que haga sus deberes.

También es importante que vea que nos sentimos orgullosos de ellos delante de los demás, cuando llegue nuestra pareja a casa podemos decir algo así como “¡hoy Marta ha recogido todos sus juguetes sin rechistar!”, de manera que ella vea que hacer las cosas tiene su premio. Y este premio, como hemos visto, no tiene que ser una cosa física. Una sonrisa, un beso o una caricia de papá o mamá pueden ser tan o más valiosos que un juguete nuevo.

Presta atención a lo que te explica
En su pequeño mundo, que Pablito le haya quitado la pelota mientras jugaban, puede ser un drama al nivel de las mejores telenovelas. Por supuesto, para los padres eso nos parece completamente insustancial, pero debemos ponernos en el lugar del pequeño o pequeña y entender su frustración.

Nuestro deber es animarlo y darle a las cosas que nos explica toda su atención, de esta manera le estaremos enseñando que su vida es importante y que sus sentimientos deben ser tenidos en cuenta.

No lo compares con los demás

Tu hijo no es el hijo de otros. No es otros niños de la clase. No es su hermana. Tu hijo es único, y le debe quedar claro a él y a ti. No lo compares, no caigas en el error de frases como “fíjate, tu hermana a tu edad sacaba todo 10 en el colegio” o “mira a Pablito, él no llora y también se ha hecho daño”.

Tu hijo es especial, único. Trátalo como tal, de lo contrario estarás contribuyendo a que empiece a ser él mismo el que se compare con los demás en cada pequeña cosa que haga. Y eso es terreno abonado para una falta de autoestima.

Dale a la autoestima toda la importancia que merece

Tener autoestima es importante, como ya hemos dicho antes. Y los padres y madres tenemos un sexto sentido que nos hace entender mejor a nuestros hijos de lo que seremos capaces de entendernos a nosotros mismos.

Si te parece que tu hijo tiene un problema de autoestima o de confianza en si mismo, no lo dudes, acudir al psicólogo es una opción que debes tener en cuenta.

Fuente: siquia.com

Tu Rueda de la Vida

Tu Rueda de la Vida

La “Rueda de la Vida” es una herramienta de coaching muy conocida, que aunque es muy sencilla es tremendamente potente.

Se llama así porque tiene forma de círculo dividido en segmentos iguales o “quesitos”. Normalmente se divide entre 8 y 12 segmentos, en la que cada uno representa un área de tu vida.

¿Para qué sirve la rueda de la vida?
Sirve para evaluar de una forma muy visual cómo está tu vida en el momento presente.

Te ayuda a:

  1. Visualizar cuál es tu satisfacción actual en las distintas segmentos/áreas que componen tu vida.
  2. Reflexionar si estás o no centrado en aquellas áreas que te aportan mayor bienestar.
  3. Establecer tus prioridades en ese momento.
  4. Elaborar un plan de acción para mejorar, desarrollar o potenciar aquellas áreas que necesites.

¿Cómo realizar la rueda de la vida?
Siguiendo estos sencillos pasos:

Paso 1. Identifica las áreas que componen tu vida en estos momentos.

Aquí os dejo un ejemplo de Rueda de la vida:

RUEDA-DE-LA-VIDA-cova1

Paso 2. Reflexiona cómo está cada área de tu vida. Por ejemplo, teniendo en cuenta las parcelas de la rueda que he puesto de ejemplo, podríamos hacernos las siguientes preguntas ,para hacer una reflexión antes de puntuar cada área de nuestra vida:

  • Salud: ¿Cómo te encuentras física y psíquicamente? ¿Sueles ponerte enfermo a menudo? ¿Llevas una vida sana? ¿Tu estado de salud te limita? ¿Tienes hábitos que te mantienen en forma? intentas introducir hábitos saludables pero no lo consigues?
  • Dinero: ¿Estás a gusto con tu nivel económico? ¿Es el que deseas? ¿Ingresas todo lo que te gustaría? ¿Puedes mantenerte e incluso permitirte algunos caprichos? ¿Tienes lo suficiente para afrontar algún imprevisto? ¿Eres capaz de ahorrar algo todos los meses?
  • Diversión/ ocio: ¿Dedicas tiempo a tus aficiones? ¿Lo disfrutas aunque tengas poco? ¿Eres capaz de desconectarte de las obligaciones cuando estás realizando alguna actividad de ocio? ¿Le dedicas el tiempo suficiente o sientes que necesitas más? ¿Hay alguna actividad que te encante y que todavía no hayas empezado?
  • Amor: ¿Eres realmente feliz con tu pareja actual? Es decir, ¿suma puntos a tu vida? Si no la tienes, ¿estás disfrutando de tu soltería? ¿Estás feliz con tu situación actual?
  • Hogar: ¿Te sientes a gusto en tu casa? ¿Te gusta? ¿Te estresa el vivir en una casa desordenada y no hacer nada por remediarlo? ¿Te gustaría mejorarla en algún aspecto para sentirte más cómodo? ¿Encuentras tu casa como tu lugar de cobijo?
  • Desarrollo personal: ¿Sientes que estás creciendo como persona? ¿Dedicas parte te tu tiempo a actividades que te hagan crecer como persona? ¿Trabajas para conseguir tus objetivos personales?
  • Familia/Amigos: ¿Cómo es tu relación con tu familia? Y ¿con tus amigos? ¿Te sientes satisfecho? ¿Los ves o hablas con ellos todo lo que querrías? ¿Dedicas el esfuerzo necesario para mejorar la relación con tus familiares/amigos? ¿La calidad de tus amistades te hace justicia? ¿Puedes contar con tus amigos/familiares siempre que lo necesites? ¿Te apoyan en lo bueno y en lo malo, o sólo en lo bueno? ¿Puedes compartir tus intereses e inquietudes con ellos?
  • Trabajo: ¿Te gusta tu trabajo? ¿Estás a gusto? ¿Vas motivado a trabajar? ¿Te llena lo que haces? ¿Hay significado en lo que estás haciendo? ¿Sientes que tu trabajo es lo que siempre habías deseado hacer? ¿Te estás desarrollando profesionalmente como quieres o te sientes estancado? ¿Sientes que te valoran en el trabajo? ¿Qué tal tus relaciones con tus compañeros?

Paso 3. Puntúa cada área.

Después de reflexionar puntúa cada área.

La puntuación va del 0 al 10. El 0 (en el mismo centro) representa el grado más bajo de satisfacción y 10 (en el borde exterior) el más alto.

Paso 4. Une los resultados de cada área.

Une los resultados como se ve en el ejemplo siguiente. El nuevo perímetro del circulo representa “Tu Rueda de la Vida” en estos momentos.

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Paso 5. Actúa.

La Rueda de la Vida te da pistas sobre aquellas áreas por las que puedes comenzar a trabajar para conseguir la satisfacción en todas las áreas de tu vida.

Una rueda equilibrada es una rueda que puede girar. Si has obtenido una baja puntuación en alguna de las secciones, tu rueda dejará de ser redonda, tendrá un aspecto irregular.

El ejercicio de La Rueda de la Vida quedaría incompleto si no nos planteáramos medidas para intentar recuperar el equilibrio. Yo recomiendo volver a puntuar aquellas áreas que desees mejorar, puntuándolas cómo desearíamos que fueran (tu estado deseado).

Una vez hecho esto, plantéate qué acciones puedes llevar a cabo para recuperar el equilibrio (3 acciones pueden ser más que suficientes por cada área).

Para esto puedes preguntarte:

  • ¿Qué me gustaría hacer en estas áreas?
  • ¿Qué necesitaría para mejorar su puntuación?
  • ¿Cómo podría crear espacio para estos cambios? Quizás esté invirtiendo demasiado tiempo en otras áreas de mi vida, dejando a un lado otras que son realmente importantes para mí.
  • ¿Puedo hacer los cambios sin ayuda o necesito de alguien? Si es así, ¿Quién podría ayudarme?

Es recomendable repetir este ejercicio al menos una vez al año, de esta manera puedes ir viendo tu evolución con el paso del tiempo. Recuerda que el resultado varía muchísimo dependiendo de tu situación en cada momento, por ejemplo, quizá un año , le puedas dar más importancia a tu área profesional, debido ,a una buena oportunidad laboral o le des más importancia al amor porque te vayas a casar ese año.

Fuente: covabertrand.com

La lactancia materna como herramienta terapéutica en los trastornos psíquicos posparto

La lactancia materna como herramienta terapéutica en los trastornos psíquicos posparto

En la actualidad, los beneficios de la lactancia materna están más difundidos y son más conocidos (por la comunidad en general y por los profesionales de la salud en particular) que los síntomas y las señales de alarma vinculadas con los trastornos psíquicos puerperales. Lamentablemente, falta formación y capacitación respecto de esta problemática. Es imperioso que los profesionales de la salud que se desempeñan en el área perinatológica entiendan su función clave en la detección precoz y, por consiguiente, en la posibilidad de que las mujeres padecientes reciban un tratamiento idóneo y oportuno.

No es la intención reiterar aquí los beneficios de la lactancia materna, pero sí aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la misma en estos casos, sobre sus beneficios tanto a nivel individual como a nivel vincular y sobre su relevancia como herramienta terapéutica, de modo de poder reflexionar sobre nuestro rol y acompañamiento.

Si la mujer madre desea amamantar a su bebé, suprimir la lactancia materna debería ser la última opción. El doctor Louis-Victor Marcé recomendaba, hace más de 50 años, no destetar hasta que remitiera la sintomatología depresiva. En la actualidad, es sabido que hay gran variedad de psicofármacos compatibles con la lactancia, si bien es cierto que es importante tener en cuenta otras variables tales como los efectos secundarios del fármaco, la cantidad de casos publicados, la dosis relativa que recibe el lactante, etc.

Es imprescindible tener presente que el destete precoz no sólo suele impactar en la salud del lactante, sino también en la de su madre: la evidencia científica indica que es un factor de riesgo para el aumento de la ansiedad y de la depresión materna [i]. Como sugiere la Academia Americana de Pediatría, “antes de recomendar la lactancia artificial o un destete temprano el profesional médico debería sopesar muy seriamente los beneficios de la lactancia frente a los riesgos de no recibir leche materna”.

Algunos de los beneficios de la lactancia se pueden comprender desde una perspectiva neurohormonal. Las principales hormonas intervinientes en el amamantamiento son la prolactina y la oxitocina. La prolactina no sólo tiene un papel central en la producción de la leche materna, sino que además tiene efectos a nivel de la adaptación del cerebro materno a la nueva función: produce cambios que facilitan el maternaje, promueve conductas de protección y tiene además un efecto estabilizador, “ansiolítico”. Las madres que amamantan puntúan más bajo en las escalas de estrés, ansiedad y depresión que las que no lo hacen [ii]. Por su parte, la oxitocina favorece la eyección de leche materna pero además media en el vínculo madre-hijo/a, aumenta los sentimientos de confianza y bienestar maternos, reduce la tensión arterial y la tasa de hormonas del estrés en la madre e induce serenidad y calma en ambos integrantes de la diada. Asimismo, tiene importantes efectos en el neurodesarrollo del lactante, mejora el vínculo afectivo [iii] y disminuye el riesgo de abandono [iv] y maltrato infantil [v] [vi].

La lactancia materna protege a los bebés de los efectos nocivos de la depresión materna. Se han realizado estudios comparativos con madres deprimidas que lactaban y madres deprimidas que no lo hacían, en los que se ha observado que en los casos en los que las madres amamantaban a sus bebés, la responsividad materna era mayor y las interacciones diádicas más satisfactorias, las madres lactantes miraban, tocaban y hacían más contacto visual con sus bebés que las madres que no estaban amamantando.

Natalia S. Liguori
Psicóloga, Argentina
Fuente: saludmentalperinatal.es

Los Beneficios de la Gimnasia Cerebral o Brain Gym

Los Beneficios de la Gimnasia Cerebral o Brain Gym

¿Sabías que los ejercicios cerebrales ayudan a prevenir el Alzheimer?

Según estudio realizados, las personas que ejercitan su cerebro son menos propensas de padecer esta enfermedad.

Recordemos que el brain gym, también conocida como neuróbica o gimnasia cerebral es una serie de ejercicios creados por el Dr. Paul Dennison en los años 60 que fomentan el uso de ambos hemisferios cerebrales.

Se recomienda que los niños empiecen a practicar este tipo de ejercicios, a partir de los 5 años de edad. Después de los 5 años, los ejercicios de gimnasia cerebral pueden ser realizados por cualquier persona y en cualquier momento o lugar.

La gimnasia cerebral brinda una gran gama de beneficios y hoy te explicaremos algunos de ellos de acuerdo a los siguientes grupos de edades.

La práctica beneficia no sólo a nuestro cerebro, sino a todo nuestro ser tanto en el aspecto físico como emocional y psicológico:

  • En personas de edades comprendidas entre 5 y 25 años, la neuróbica ayuda a mejorar la capacidad de atención y concentración, a través del uso de ambos hemisferios cerebrales; también permite un mayor desarrollo de la imaginación y la creatividad. Así mismo, optimiza las capacidades de relación e interacción con las personas, aumentando la capacidad de socializar, mayor integración con compañeros de clases y amigos, incluso puede mejorar la relación con los padres, familiares y maestros. Mejora la capacidad de aprendizaje y retención de información y puede además, ayudar al cerebro a generar mejores mecanismos de estudio para obtener mejores resultados.

En estas edades, los ejercicios de brain gym son muy buenos para lograr una mayor seguridad de sí mismos, lo que mejora la autoestima y la autovaloración.

Conoce algunos ideales para niños en nuestro artículo: 10 Ejercicios de Gimnasia Cerebral para Niños

Para adultos recomendamos realizar los ejercicios de nuestro artículo:5 Ejercicios de Gimnasia Cerebral o Mental

  • Para personas entre 26 y 35 años de edad, se recomiendan estos ejercicios porque ayudan a mejorar las destrezas ya adquiridas con el tiempo y optimizan las capacidades mentales, de forma que, lo que alguna vez nos pareció difícil, pasa a ser algo sencillo y/o cotidiano. También mejora el rendimiento de las neuronas, aumenta nuestra memoria, la coordinación, e inclusive puede ayudar a generar mayor confianza en el individuo.
  • Por último, en personas de 36 años en adelante estos ejercicios son de mucha utilidad, porque mantienen el cerebro activo y evita el desuso de las neuronas. Principalmente ayuda a prevenir Alzheimer y en personas que presentan dicha enfermedad, ayuda a controlar los efectos de ésta. También evita el desgaste de facultades y la memoria, y combate la pérdida de motricidad en los individuos. Se ha comprobado además, que ayuda a combatir el estrés generado por el día a día.

Recuerda que si quieres conocer con exactitud qué es gimnasia cerebral, te lo explicamos en este artículo: ¿Qué es Gimnasia Cerebral?

Comienza a mejorar tu memoria hoy

Intenta lo siguiente:

Patrones Mentales

Una técnica ingeniosa que te permitirá mejorar tu memoria es buscar patrones y utilizarlos para recordar grandes cantidades de información. Este método es excelente para recordar un número extenso o una frase. Aquí te dejamos un ejemplo

3810151722242931363843

Este número parece aleatorio hasta que descubres un patrón: sumas 5 y luego sumas 2 y repites. Una vez que descubres ese patrón, sólo debes recordar el primer número de la secuencia. Esto puede resultar muy útil para crear contraseñas numéricas que cambian constantemente.

Fuente: tugimnasiacerebral.com

¿Te sientes culpable? 3 listas que te ayudarán a liberarte

¿Te sientes culpable? 3 listas que te ayudarán a liberarte

No nos juzguemos más. No nos castiguemos más. Démonos un respiro y dejemos de culpabilizarnos, porque antes de poder cambiar nos hemos de aceptar

Silvia Salinas

¡No te acuses más! Nuestro peor enemigo somos nosotros mismos, en pelea continua entre lo que somos y lo que pensamos que deberíamos ser. Si el juez interior aparece, acepta en lugar de luchar.

No hacen falta palabras para definir la culpa. Cualquiera de nosotros conoce el malestar interno que sentimos cuando ese sentimiento nos invade.

La culpa es un “estado de pelea” entre la persona que somos y la idea que tenemos de cómo deberíamos ser y actuar

Y aunque a veces puede parecer útil para evitar o rectificar actitudes con las que hemos herido a alguien, si nos encallamos en ella se convierte en una desagradable sensación de lucha contra uno mismo.

Aceptémonos tal como somos

Pero se trata de una lucha perdida de antemano que consume nuestra energía y nos conduce a la amargura. Aceptar amorosamente que somos quienes somos es un requisito indispensable para que la culpa no nos invada.

Aceptarnos tal cual no quiere decir que no podamos cambiar y mejorar o que no podamos crecer como personas, pero seguro que no lo lograremos por el camino de la culpa y el reproche.

¿Dónde nace la culpa?

Las semillas de la culpa surgen en nuestra niñez cuando nuestros padres no nos validan tal y como somos. Así construimos la idea de que está mal ser lo que somos y pretendemos ser otros, para acercarnos a ese modelo que nuestros padres dicen que debemos ser.

Un ejemplo sencillo y conocido es cuando al niño se le advierte: “Los hombres no lloran”. De forma inconsciente ese niño saca sus primeras conclusiones: “Está mal llorar, está mal lo que siento”. A partir de ahí, cada vez que llore se sentirá culpable.

Las ideas que adquirimos de los padres se potencian con lo que la sociedad nos indica como bueno y debido

No se trata de que esté mal tener ideas de lo que queremos ser o hacer, sino de lo que hacemos cuando nuestra vida no coincide con nuestras ideas.

La situación en que nos encontramos puede gustarnos o no, pero es la realidad y solo podemos construir a partir de ella:

Lo que somos siempre es mucho más sólido que cualquier idea, por brillante que sea, de lo que deberíamos ser

Los efectos de la culpa son interminables. Es como si lleváramos un juez interno que nos murmura al oído sus acusaciones cada vez que nos apartamos del modelo. Bastaría con convertirnos en observadores de nosotros mismos para descubrir que este juez interno no solo no nos guía por el buen camino, sino que en realidad solo nos perjudica.

Un alcohólico no dejará de beber por culpabilidad. Solo lo hará cuando se acepte tal cual es y aun así le parezca que se merece ser querido, que es digno de recibir ayuda y de pedirla.

El juez externo

Muchas veces le recriminamos a alguien, al otro, que “nos hace sentir culpable”. Pero esto es imposible. A menos que nosotros mismos compartamos esa “acusación”.

Me viene a la memoria mi propio caso. Antes de tener mis hijos, me formé como terapeuta en Estados Unidos. Después interrumpí mi formación hasta que mi hijo menor tuvo cuatro años. Cuando volví a viajar para asistir a cursos, mi madre, “inocentemente”, me preguntaba si era realmente “necesario”, apuntando argumentos del tipo “si el avión se cae tus hijos quedarían sin madre”.

Entonces la culpa comenzaba a hacer su trabajo y ningún curso me parecía lo suficientemente bueno y justificado. Poco a poco me fui dando cuenta de que eran mis propias ideas –no las de mi madre– sobre lo que debía hacer las que estaban interfiriendo y no me dejaban apreciar lo que cada curso tenía para darme.

El trabajo para disolver la culpa fue observar los pensamientos, las ideas, las frases que me invadían cuando esta me desbordaba: “Deberías estar en tu casa”, “una buena madre no deja a sus hijos de esta manera”.

Luego observé que eran solo ideas, no realidades. Si me hubiera forzado a ajustarme a ellas, hubiera perdido cosas que eran muy importantes para mí, y la situación no hubiera tenido nada de ideal.

Aceptar para cambiar

Aunque debo admitir que es difícil liberarse de esos pensamientos adquiridos, es posible desidentificarse y observar que se trata solo de eso, de ideas y no realidades. Entonces pierden su fuerza y no consiguen obstaculizar nuestro camino.

La idea, el juicio, queda a un lado y nosotros podemos recuperar nuestro camino. Y más allá de lo que pensemos, siempre hacemos lo que podemos, que puede ser el máximo dentro de nuestras posibilidades.

Pero el impulso que nos hace ser como somos es más fuerte que cualquier idea. Podemos aceptarlo o sentirnos culpables, pero siempre vamos a ser como somos.

El psicólogo John Welwood dice que la base del sufrimiento humano es el enjuiciamiento

Por eso, cuando un problema nos invada, trabajemos para suavizar el juicio que emitimos respecto a nosotros mismos.

Si aceptamos que somos imperfectos y que esto no está ni bien ni mal, que simplemente es lo que hay, podremos construir a partir de esta aceptación, de lo que hay. Cuando nos aceptamos en toda nuestra imperfección y no peleamos por cambiar, el amor y la compasión crecen en nosotros. Y entonces el cambio se produce.

Las 3 listas para vivir alejados de la culpa

¿Quieres reconocer tus sentimientos de culpa y liberarte de ellos? Este sencillo ejercicio es muy eficaz.

En una libreta debes hacer tres listas en tres columnas paralelas, cada una encabezada por las palabras “Debo”, “Quiero” y “Puedo”.

  1.  La lista de “Debo”
    Conecta con todo lo que crees que deberías cambiar y apunta las frases con que te lo explicas a ti mismo. Esta es la columna de “lo que debe ser”, o sea, los argumentos del juez interior. Ejemplo: “Debo comer solo comidas sanas y bien elaboradas”.
  2.  La lista de “Quiero”
    En correspondencia con cada “Debo”, observa qué te sientes impulsado a hacer y apúntalo al lado, al mismo nivel, en la lista del “Quiero”. Por ejemplo, correspondiendo a la frase anterior de cómo debes comer, sería algo así: “Quiero comer bollos y chocolate”.
  3. La lista de “Puedo”
    En esta tercera columna, apunta lo que de verdad puedes hacer y lo que haces en cada caso. Por ejemplo: “Puedo comer bollos y chocolate una vez a la semana y de forma moderada”.

Acepta la realidad

Aunque la columna del “Puedo” no sea la que más te guste, es la única real. Descartemos la columna del “Debo”, y después de conocer la del “Quiero”, aceptemos cada uno de los “Puedo” que sí nos permiten empezar una nueva historia.

Desarma a tu juez

Los juicios son ideas y no realidades. A través de estos juicios, debemos observar y conocer los mecanismos que nos generan el sentimiento de culpa en lugar de placer, alegría o seguridad.

Cambiar juicios por preguntas objetivas y amables, por ejemplo, el “¡Qué tonto he sido!”, por “¿Qué me habrá llevado a comportarme de esa manera?”. Así descubriremos cómo se activa.

Fuente: mentesana.es