Formas de decir NO a los niños de forma positiva

Formas de decir NO a los niños de forma positiva

Cómo decir no a los niños sin pronunciar la palabra NO

¿Crees que se puede decir no a los niños de forma positiva?, ¿Decirles no sin pronunciar el NO? Te demostraré que, no sólo es posible, sino que además se obtienen más y mejores resultados en los niños.

Si la palabra NO forma parte de tu vocabulario diario, si crees que en un día se la has dicho a tus hijos más de 20 veces y, si ahora son tus hijos los que constantemente dicen NO… quizás sea el momento de encontrar otras formas de decir NO a los niños de forma positiva. ¡Es posible!

Cómo decir NO a los niños de forma positiva

Las madres y padres, tendemos a utilizar el NO con los niños de forma constante: no te subas al columpio, no abras ese cajón, no dejes nada en el plato, no subas, no bajes, no entres, no salgas… Es un constante e incesante devenir de noes por aquí y noes por allá. ¿Acaso es raro que nuestros hijos pasen por la etapa del NO con este despliegue nuestro?

La realidad es que demasiados noes transmitirán un mensaje negativo a nuestros hijos, de la misma manera que los padres que dicen SÍ a todo a sus hijos, podrían ser responsables de conductas de niño tirano o incluso de su frustración si un buen día les dicen un solo NO.

Lo ideal es que exista un balance entre el sí y el no, o mejor aun, que aprendamos a decir No a los niños de forma positiva, es decir, sin pronunciar la palabra NO.

Y es que, decir no a los niños sin decir no es algo posible, y además mucho más beneficioso para ellos. ¿Por qué? Así los niños entenderán y comprenderán mejor el sentido de las normas que ponemos, serán más responsables para conocer que los actos tienen consecuencias, actuarán de forma más autónoma, tendrá una mejor autoestima, habrá más armonía en casa, mejorarán sus habilidades y descubrirán sus capacidades evitando berrinches, rabietas, gritos y enfados.

Ideas para decir No a los niños de forma positiva

La tabla que te mostramos arriba contiene algunos ejemplos de cómo simplemente cambiando el lenguaje, expresas lo mismo, en definitiva, pedirle al niño que no haga algo o decirle que nosotros no podemos hacer algo.

Si empleamos el NO constantemente como: no puedo jugar contigo, no puedes ir al parque, no cojas la tablet o no pegues a tu hermano; el mensaje es negativo y además estamos abusando del NO y con ello corremos el riesgo de que no nos hagan caso.

Puedes guardar el NO para algo realmente importante, algo que suponga un peligro para tu hijo, como cruzar la calle sin ir de la mano, o asomarse a la ventana y para el resto de las cosas utilizar fórmulas positivas. De esta manera, podemos cambiar el mensaje diciéndoles, qué te parece si jugamos después de hacer las camas; hoy en vez de ir al parque, vamos a organizar un juego muy divertido en casa; cuando termines tus tareas, podrás coger la tablet; si pegas a tu hermano, no querrá jugar contigo.

No se trata de no negarle al niño cosas, de hecho los padres debemos hacerlo para aplicar disciplina, imponer normas, reforzar el carácter del niño, en definitiva, para educarle. Sin embargo, cuando lo decimos 20 veces, pierde todo el significado. Para decir no a los niños de forma positiva podemos:

– Sugerir otra cosa que puede hacer: si no podemos ir al parque, podemos cocinar en casa, jugar a juegos de mesa, pintar…

– Posponer la petición hasta que realice: si en ese momento no se puede llevar a cabo lo que quiere o estamos ocupados, podemos dejarlo para otro momento, pero hemos de recordar cumplirlo.

– Explicarle qué ocurrirá si hace lo que quiere: si pega a su hermano, si rompe los juguetes, si se asoma a la ventana, puede haber consecuencias, debemos explicarlas.

– Aclararle las normas: antes de que llegue el momento de decirle no a las chucherías, no a saltar charcos o no a ver más tiempo televisión, tenemos que contarles qué normas tenemos en casa y por qué. De esta manera, ellos anticiparán la respuesta.

– Emplear el humor.

Fuente: guiainfantil.com

Aprender a soltar, para permitirnos recibir

Aprender a soltar, para permitirnos recibir

Por: Valeria Sabater

A veces, soltar no es necesariamente un sacrificio ni un adiós, sino más bien un “gracias” por todo lo aprendido. Es dejar ir lo que ya no se sostiene por sí mismo para permitirnos ser más libres y auténticos y recibir así lo que tenga que llegar.

Si pensamos en ello durante un minuto nos daremos de que las mejores decisiones, esas a las que le sigue un estado de grata felicidad, implican precisamente el tener que soltar algo. Puede que sea un miedo, una angustia, el poner distancia de un lugar o incluso de una persona. La renuncia es parte del proceso de la vida. Es algo natural, porque todos estamos obligados a elegir en qué y en quién invertimos nuestro tiempo y esfuerzo.

Suelto, entrego, confío y agradezco, porque hay que dejar ir lo que no quiere quedarse, lo que pesa, lo que ya es falso… Para permitir así que en nuestro corazón solo quede lo que es auténtico.

Un hecho a tener en cuenta también es que el acto de soltar, por sí mismo, no implica solo cortar esos lazos que ponen vetos al crecimiento personal y a la felicidad. Soltar significa en ciertos casos tener que desprendernos y reformular muchos de nuestros constructos psicológicos, tales como el ego, el rencor, o incluso el propio miedo a la soledad.

Porque quien quiera recibir, debe tener preparado el corazón para acomodar esa nobleza que no entiende de egoísmos ni de tormentas interiores.

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La ambición y la necesidad de acumular

En la sociedad actual hemos asociado la conquista de ciertas cosas con la idea de felicidad. “Seré feliz cuando haga ese viaje, cuando tenga pareja, cuando tenga mi propia casa, cuando me aumenten el sueldo, cuando tenga coche nuevo, teléfono nuevo, cuando pierda unos kilos, cuando estrenen la nueva temporada de mi serie favorita…”

Compramos libros y más libros para aprender a ser felices mientras esperamos que algo cambie, mientras aguardamos que en algún momento, todo lo acumulado nos ofrezca la respuesta que esperamos. Frédéric Beigbeder, un famoso escritor, creativo y publicista francés, dijo una vez que en el mundo de la publicidad nadie desea que las personas sean felices. Sencillamente, porque la gente feliz “no consume”.

La felicidad es algo que las sociedades modernas nos venden como una “ilusión”, algo que debe ser breve y efímero para obligarnos así consumir más. De ahí la “obsolescencia programada” de los aparatos electrónicos, de ahí la idea de que para ser feliz hay que ser atractivos y llevar determinadas ropas, tener muchos amigos, y buscar el amor ideal en las páginas de contactos, donde las relaciones pueden iniciarse hoy y desecharse mañana en un solo “click”.

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Hemos creado un mundo donde valores como la ambición y el inconformismo patológico nos alejan por completo del auténtico sentido de la felicidad. Vivimos pendientes de lo que nos falta, sin darnos cuenta de todo lo que en realidad, nos sobra. Todo aquello que deberíamos soltar para compensar el equilibrio, para ser nosotros mismos.

Para ser felices hay que tomar decisiones y… Soltar

La vida es muy corta para vivir permanentemente frustrados. Por ello, y si de verdad deseamos ser felices debemos ser capaces de tomar decisiones, de saber en qué y en quién deseamos invertir nuestro tiempo. Ahora bien, como ya puedes intuir, decidir implica muchas veces tener que renunciar, un ejercicio que deberá hacerse de forma consciente y madura asumiendo las consecuencias.

La vida es un eterno dejar ir, porque solo con las manos vacías serás capaz de recibir.

Para ayudarte en el complejo camino de la renuncia y en el arte de soltar, vale la pena recordar que para la filosofía budista la felicidad no es más que un estado mental de calma y bienestar. Así pues, atiende con sosiego y sabiduría todo aquello que te envuelve para intuir qué te ofrece serenidad y qué ruido, qué y quién nutre tu alma con respeto y qué o quién te trae tempestades en días despejados. Decide, elige, confía en tu instinto y, sencillamente, suelta.

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Otro aspecto que es preciso recordar es quien tiene la valentía para soltar también debe ser digno para recibir. De ahí, que valga la pena reflexionar unos instantes en estas dimensiones:

  • Hemos de renunciar a nuestra necesidad por mantener siempre el control sobre los demás. Es necesario “ser” y “dejar ser”. Quien reclama libertad personal para crecer debe ser capaz a su vez de poder ofrecerla.
  • Renuncia a la necesidad de tener siempre la razón. Asumir el equívoco es crecer y saber guardar silencio cuando el momento lo requiere es un acto de sabiduría.
  • Suelta tu ego, libérate de la necesidad de impresionar, de tener que competir, de reclamar la atención cuando nadie te observa, de buscar cualquier falsa compañía cuando temes a la soledad. Suelta tu miedo para permitirse ser auténtico, para ser tú mismo, esa persona que es tan capaz de dar, como de recibir.

En conclusión, en esta compleja pero apasionante lucha cotidiana por ser felices, todos nosotros deberíamos practicar el saludable ejercicio de soltar lo que nos pesa, amar lo que ya tenemos y ser agradecidos ante todo lo bueno, que sin duda, está por llegar.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

CARL JUNG: SOBRE LA ACEPTACIÓN COMO EL CAMINO PARA SANAR

CARL JUNG: SOBRE LA ACEPTACIÓN COMO EL CAMINO PARA SANAR

Una psique en guerra consigo misma sólo se libera cuando la oscuridad sale a la luz.

Cuando pensamos en el arquetipo de maestros o sanadores se nos vienen a la mente imágenes de médicos diligentes, sacerdotes de moral impecable, chamanes sabios en medio de la selva o enfermeras abnegadas y serviciales; sin embargo, para poder ayudar a otros es preciso ser capaces de ayudarnos primero a nosotros mismos. Parafraseando un viejo refrán, un ciego no puede guiar a otro ciego, y en el caso del acompañamiento psicológico, el psicoanalista Carl Jung tiene bastante que compartir al respecto.

Durante una conferencia dictada frente a un auditorio de sacerdotes suizos, Jung habló de la importancia de que los médicos y los sacerdotes —así como los psicólogos y psicoanalistas— no juzguen a sus pacientes ni se dejen invadir por prejuicios morales, pues aquellos que buscan apoyo en ellos ya se sienten de por sí bastante enjuiciados. Esto, para Jung, sólo se consigue si el médico acepta su propio “lado oscuro”. No se trata de que el médico aliente las fantasías de sus pacientes, sino de “sentir a través de la mente del paciente”, sin juzgarlo, a través de algo que Jung llamó “objetividad desprejuiciada”.

Aunque el término puede sonar abstracto y con un ligero aire intelectual, para Jung se trata de una condición que incluso los hombres y mujeres de fe deben albergar y cultivar en sí mismos, a sabiendas de que “Dios ha permitido que toda clase de cosas extrañas e inconcebibles ocurran, y busca entrar en el corazón del hombre de las más curiosas formas”. Así pues, la objetividad desprejuiciada nos permitirá “sentir en todas partes la presencia invisible de la voluntad divina”, incluso en lo demoníaco, a través del arquetipo del Diablo, que interpretado alquímicamente puede leerse como una metáfora de la conversión de la materia mortal en oro.

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Para Jung “no es posible cambiar algo a menos que lo aceptemos”, y eso incluye toda clase de enfermedad y abyección moral, así como las imágenes distorsionadas que nos seducen o aterran en nuestros propios sueños. No sirve de nada enjuiciar a los pacientes por sus estilos de vida o elecciones si queremos ayudarlos; pero aunque no seamos psicólogos ni religiosos, podemos pensar que tampoco sirve de mucho juzgarnos duramente a nosotros mismos; en palabras de Jung, “la condenación no libera, sino que oprime. Soy el opresor de aquellos a quienes condeno, no su amigo ni acompañante en el sufrimiento”.

Puede parecer muy simple darnos a la tarea de no juzgarnos a nosotros mismos ni a los demás, ¿pero es posible sostener esta idea a largo plazo? ¿Qué hacer cuando el juicio moral recae sobre nuestras propias acciones, incluso las pasadas, cuando nos dejamos llevar por el arrepentimiento y la duda respecto al futuro? A decir de Jung, la sola idea de aceptarnos a nosotros mismos con toda nuestra envidia, nuestra maldad, nuestro deseo de reconocimiento, nuestros pequeños vicios, “puede hacernos sudar de miedo”.

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Para Jung, mucha gente decide no observarse ni aceptarse a sí misma, y emprenden el escape del camino del autoconocimiento sólo para caer en lo que él llama “la morbus sacer de la neurosis”, cuando la personalidad parece estar en una guerra interna consigo misma. Jung escribe:

La neurosis es una escisión interna —el estado de guerra consigo mismo. Todo lo que acentúa esta escisión hace que el paciente empeore, y todo lo que la mitiga tiende a sanarlo. Lo que lleva a la gente a estar en guerra con ellos mismos es la sospecha o el saber de que cada uno consiste en dos personas opuestas entre sí. El conflicto puede darse entre el hombre sensual y el espiritual, o entre el ego y la sombra. Es lo que Fausto quiere decir cuando afirma ‘Dos almas, ¡ay!, habitan en su pecho, y cada una de ellas quiere separarse de la otra’. La neurosis es una división de la personalidad.

¿Cómo ayudar a otros a aceptar su propia sombra, su propio “lado oscuro”? Y tal vez más importante, ¿cómo aceptar que nosotros también llevamos una escisión, una división interna que amenaza con ponernos en guerra contra nosotros mismos? En realidad, la única opción disponible si decidimos no adentrarnos en nuestro lado oscuro es vivir en la ignorancia de nuestra propia completud y habitar como extraños dentro de nosotros mismos. Este camino puede llevarnos a “ocuparnos de los problemas y pecados de otras personas”, así como darnos “un perceptible aire virtuoso, en función de que nos hemos engañado con benevolencia a nosotros mismos y a los demás. ¡Gloria a Dios, hemos escapado por fin de nosotros mismos!”

Así pues, no queda más que observar nuestras faltas, inconsistencias, “pecados” y toda clase de imperfecciones con mirada benevolente: en realidad no son invenciones genuinas de nosotros, y probablemente ni siquiera son tan reprobables como las de la mayoría. Es posible encontrar algo en común con toda la humanidad cuando aceptamos lo que Jung llama la “sombra” de nosotros mismos, el lado oscuro, la parte negada. “Sólo aquel que se ha aceptado a sí mismo por completo”, remata Jung, “posee la ‘objetividad desprejuiciada’”, ingrediente sin el cual será incapaz de ayudar a otros e incluso a sí mismo.

Fuente: culturainquieta.com

El estrés laboral: qué es, causas y síntomas

El estrés laboral: qué es, causas y síntomas

¿Qué es el estrés laboral?

Hablamos de estrés laboral cuando se produce una discrepancia entre la demanda laboral y los recursos del trabajador para hacerlas frente. El problema consiste en que nuestro cuerpo tiene unos recursos limitados, ocasionando al trabajador un estado de agotamiento tanto físico como mental. Esto supone una seria amenaza para la salud y el bienestar del trabajador, afectando a sus relaciones familiares y emocionales.

Causas del estrés laboral

Se podrían mencionar algunas causas del estrés laboral:

  • Las expectativas económicas, salario insuficiente
  • La presión por parte del empresario, mobbing o acoso laboral
  • Las actividades de gran responsabilidad
  • Las funciones contradictorias del trabajador
  • Motivaciones deficientes
  • La ausencia de incentivos
  • Los conflictos entre empleados o empresarios
  • Cargas excesivas de trabajo
  • La exposición a riesgos físicos constantes
  • Jornadas de trabajo excesivas
  • Ritmo de trabajo acelerado
  • La preocupación por el despido
  • La falta de posibilidades para conciliar la vida laboral con la personal

 

Efectos sobre el trabajo del estrés laboral

  • Bajo nivel de productividad
  • Absentismo (no justificado o por enfermedad)
  • Relaciones laborales casi nulas
  • Dificultad de concentración y memorización
  • Desorganización laboral

Otro de los efectos que tiene el Estrés laboral en el trabajador es el denominado Burnout.

El síndrome se detecta en el 7.5% de las personas antes de los 5 años de ejercicio profesional o laboral, y en el 25% antes de los 10 años de desempeño, constituyéndose en un problema de salud pública.

Manifestaciones clínicas más frecuentes

Entre las manifestaciones clínicas más frecuentes de tipo psicosomático se hallan: fatiga crónica, dolor de cabeza, alteración del sueño, baja de peso, gastritis y dolor muscular.

Se señalan entre las manifestaciones conductuales: ausentismo laboral, abuso de sustancias (café, alcohol, tabaco, psicofármacos), aumento de conductas violentas, relaciones humanas superficiales y comportamiento de alto riesgo.

Entre las alteraciones emocionales: aburrimiento y actitud cínica, distanciamiento afectivo, impaciencia e irritabilidad, sentimiento de omnipotencia, dificultad para la concentración, depresión y/o ansiedad y conflictos con el grupo familiar.

Fuente: nascia.com

PARA QUE LOS CHICOS ESTUDIEN MEJOR

PARA QUE LOS CHICOS ESTUDIEN MEJOR

¿Sabía usted que los problemas de aprendizaje, se pueden tratar con remedios florales?

También la falta de atención, los miedos frente a los exámenes e incluso los bloqueos que algunos niños o jóvenes muestran en el estudio pero que se deben a problemas familiares.

Las esencias florales equilibran y liberan la mente, promueven y despiertan nuevamente el placer de estudiar. En la medida en que el niño o el joven siente que las cosas van saliendo mejor, se reaviva su entusiasmo, su deseo de saber y el eterno desafío que significa seguir progresando.

Asimismo, se corta el círculo vicioso que se establece con sus padres, que preocupados por la situación conflictiva, entran en una actitud de persecución en la cual al final, en lugar de beneficiarse, todos terminan en una situación de desequilibrio familiar.

Las esencias florales facilitan el trabajo a padres y educadores en la medida que proveen para el alumno las mejores condiciones para conocerse mejor, e integrarse a una dinámica educacional provechosa. No importa la edad ni otros tratamientos en curso, porque las esencias no tienen contraindicaciones. Sólo hay que tener la precaución de elegir la flor que corresponde al desequilibrio y juntar hasta 6 (aunque a veces se puede llegar hasta la cantidad de 9) en una misma fórmula, preparar la dilución y tomar 4 gotitas de 4 a 6 veces por día. Cuando se termina el frasquito, aproximadamente a los 15 días, se hace una nueva evaluación. Generalmente se cambia alguna que otra flor de la fórmula, se vuelve a preparar, y se seguirá así, tomando estas diluciones hasta que ya no sea necesario.

Para que la fórmula sea efectiva, recuerde que es preciso observar con atención, cuáles son las verdaderas dificultades del alumno, viendo sus problemas y desequilibrios, tanto emocionales como personales.

Según las dificultades, serán los remedios florales indicados para cada caso. Dado que generalmente es una combinación de situaciones personales, se combinarán varios en un mismo frasquito.

  • CERATO es la esencia floral que usaremos cuando hay poca confianza en la propia opinión. Cuando se piensa que los demás saben y pueden más y mejor. Cuando se es muy disperso.
  • CLEMATIS si el estudiante es muy soñador, distraído, fantasioso, presta poca atención a lo que pasa a su alrededor.
  • ELM para la sensación de agobio, o para el sentimiento momentáneo de no poder cumplir con las responsabilidades, o no saber por dónde comenzar por sobrecarga de actividades.
  • GENTIAN cuando hay desaliento, pesimismo, o pareciera que las fuerzas no alcanzan para llegar hasta el final de la tarea.
  • LARCH para aumentar la autoestima, la confianza en sí mismo y sentir que las posibilidades propias son por lo menos iguales a las de los demás.
  • MIMULUS cuando además se es muy tímido, asustadizo y temeroso.
  • CHESTNUT BUD es muy útil para aprender de los errores, poder profundizar y para cualquier otro tipo de problema de aprendizaje.
  • WILD OAT para orientarse vocacionalmente. Frente a la indefinición de las ambiciones y la frustración por no encontrar el camino en la vida, o a la insatisfacción por lo que se eligió y pareciera que no es lo que a uno le gusta.
  • A veces lo que hace que traiga malas notas es que el estudiante piensa que sabe todo o al revés, piensa que no sabe nada. Cuando el miedo a equivocarse lo paraliza, puede usarse una combinación de LARCH, CHESTNUT BUD, GENTIAN, Mimulus, ROCK ROSE, SUNFLOWER y BUTTERCUP.
  • Para el “síndrome de los lunes a la mañana”, HORNBEAM lo va a ayudar a levantarse, arrancar sin el cansancio producido por la rutina.
  • BLACKBERRY es fantástica para poner sus pensamientos en acción, integrando la voluntad, las ideas, y despertando el talento dormido.
  • Al mismo tiempo, PEPPERMINT y TANSY son esencias florales que trabajan la pereza mental y el letargo, la primera y el defecto de posponer la tarea, la segunda.
  • MADIA ayuda a los distraídos a organizar sus pensamientos, aumenta la concentración, y es ideal para los que comienzan una tarea y les agarra sueño o cansancio y no siguen avanzando.
  • El remedio obtenido de la flor SHASTA DAISY, que no es otra que la conocida margarita, puede usarse para fomentar la intuición y la inteligencia. Facilita la tarea de comprender los conceptos, a saber qué es importante y qué es secundario.
  • IRIS y COSMOS son dos esencias que socorren al estudiante para entrar en contacto con su yo interior, estimulando la capacidad de pensar sobre aquello que no es concreto y palpable. Son ideales para alumnos con dificultades en disciplinas que requieren trabajo sobre imágenes mentales y conceptos abstractos.
  • Para los hiperactivos e inquietos, hay varias esencias: IMPATIENS si son inquietos e impacientes físicamente, DANDELION cuando además hay tensión o VERVAIN cuando son muy tercos y fanáticos a nivel de ideas y esto incrementa su ansiedad.

También existe la posibilidad, en época de evaluaciones, tomar una semana o diez días antes, la popular Fórmula de examen, compuesta por las siguientes flores del sistema Bach:

  • CLEMATIS, para estar atento y presente.
  • ELM, para el sentimiento pasajero de no estar a la altura de las circunstancias.
  • GENTIAN, para contrarrestar dudas y desaliento. Da coraje para enfrentar la situación.
  • WHITE CHESTNUT, para una mejor concentración.
  • LARCH, para la falta de seguridad en uno mismo. Mejora la autoestima.

También para los esforzados docentes tenemos algunas esencias de flores que pueden serles de gran utilidad. Así como para los padres hay florales equilibradores ya que las relaciones siempre son por acción y reacción mutua.

  • VINE si la autoridad se ejerce en demasía, con poca consideración por el otro,
  • VERVAIN si sólo se acepta que el niño o joven piense como uno.
  • LARKSPUR para hacer al líder más carismático, sin perder la condición de mando.
  • Se sugiere CHICORY cuando el amor es demasiado vigilante y no se da al niño o al adolescente la posibilidad de una cierta libertad o independencia. Es para no estar tanto encima de él.
  • MARIPOSA LILY puede ser utilizado por la madre -y por el hijo o la hija- cuando hay problemas de relación entre ellos.
  • Para divergencias con el padre, ambos podrán tomar SUNFLOWER.
  • Para el desánimo los remedios florales SCOTCH BROOM, BORAGE y CALIFORNIA WILD ROSE.

Finalmente, otra idea: para estimular la concentración, la claridad mental y la cooperación grupal, facilitando el trabajo de enseñar y aprender, es interesante vaporizar en aulas y auditorios los florales QUAKING GRASS, LARKSPUR, OREGON GRAPE y QUEEN ANNE’S LACE.

Recordemos que al resultar más fácil, se suele aprender con más ganas.

Fuente: casapia.com