En la actualidad, los beneficios de la lactancia materna están más difundidos y son más conocidos (por la comunidad en general y por los profesionales de la salud en particular) que los síntomas y las señales de alarma vinculadas con los trastornos psíquicos puerperales. Lamentablemente, falta formación y capacitación respecto de esta problemática. Es imperioso que los profesionales de la salud que se desempeñan en el área perinatológica entiendan su función clave en la detección precoz y, por consiguiente, en la posibilidad de que las mujeres padecientes reciban un tratamiento idóneo y oportuno.

No es la intención reiterar aquí los beneficios de la lactancia materna, pero sí aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la misma en estos casos, sobre sus beneficios tanto a nivel individual como a nivel vincular y sobre su relevancia como herramienta terapéutica, de modo de poder reflexionar sobre nuestro rol y acompañamiento.

Si la mujer madre desea amamantar a su bebé, suprimir la lactancia materna debería ser la última opción. El doctor Louis-Victor Marcé recomendaba, hace más de 50 años, no destetar hasta que remitiera la sintomatología depresiva. En la actualidad, es sabido que hay gran variedad de psicofármacos compatibles con la lactancia, si bien es cierto que es importante tener en cuenta otras variables tales como los efectos secundarios del fármaco, la cantidad de casos publicados, la dosis relativa que recibe el lactante, etc.

Es imprescindible tener presente que el destete precoz no sólo suele impactar en la salud del lactante, sino también en la de su madre: la evidencia científica indica que es un factor de riesgo para el aumento de la ansiedad y de la depresión materna [i]. Como sugiere la Academia Americana de Pediatría, “antes de recomendar la lactancia artificial o un destete temprano el profesional médico debería sopesar muy seriamente los beneficios de la lactancia frente a los riesgos de no recibir leche materna”.

Algunos de los beneficios de la lactancia se pueden comprender desde una perspectiva neurohormonal. Las principales hormonas intervinientes en el amamantamiento son la prolactina y la oxitocina. La prolactina no sólo tiene un papel central en la producción de la leche materna, sino que además tiene efectos a nivel de la adaptación del cerebro materno a la nueva función: produce cambios que facilitan el maternaje, promueve conductas de protección y tiene además un efecto estabilizador, “ansiolítico”. Las madres que amamantan puntúan más bajo en las escalas de estrés, ansiedad y depresión que las que no lo hacen [ii]. Por su parte, la oxitocina favorece la eyección de leche materna pero además media en el vínculo madre-hijo/a, aumenta los sentimientos de confianza y bienestar maternos, reduce la tensión arterial y la tasa de hormonas del estrés en la madre e induce serenidad y calma en ambos integrantes de la diada. Asimismo, tiene importantes efectos en el neurodesarrollo del lactante, mejora el vínculo afectivo [iii] y disminuye el riesgo de abandono [iv] y maltrato infantil [v] [vi].

La lactancia materna protege a los bebés de los efectos nocivos de la depresión materna. Se han realizado estudios comparativos con madres deprimidas que lactaban y madres deprimidas que no lo hacían, en los que se ha observado que en los casos en los que las madres amamantaban a sus bebés, la responsividad materna era mayor y las interacciones diádicas más satisfactorias, las madres lactantes miraban, tocaban y hacían más contacto visual con sus bebés que las madres que no estaban amamantando.

Natalia S. Liguori
Psicóloga, Argentina
Fuente: saludmentalperinatal.es

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