Por Joanna Moorhead-

Si escuchas a cualquier grupo de nuevos padres hablando de su experiencia de parto, probablemente en algún momento escucharás un “bueno, al menos el bebé está bien; eso es lo que importa”. Ese comentario será pronunciado inevitablemente después de que una o varias personas del grupo cuenten alguna historia poco afortunada en la que se sintieron ignoradas, desposeidas de la capacidad para decidir, descuidadas. A menudo se trata de nacimientos que por lo general empezaron bien, pero que se convirtieron en una montaña rusa de miedo (a veces terror), de la que la nueva familia se quedó tan afectada que al final estaban verdaderamente agradecidas de seguir vivos.

Pero el hecho de que la madre y el bebé salgan vivos de la experiencia no es lo único que importa. No en la actualidad, cuando el parto es más más seguro que nunca. Hoy en día, el riesgo de que la madre o el bebé mueran en el parto es mínimo. Por ello ¿tiene sentido que los estandares sobre lo que hace que un parto sea satisfactorio continúen siendo tan bajos? ¿Que daño causa eso a nuestros hijos?

Hasta ahora los resultados de la atención al parto se medían en cifras: valorando la mortalidad perinatal y en ocasiones las tasas de cesáreas, pero poco o nada las secuelas físicas, y muchísimo menos el impacto psicológico de la experiencia. Pero la experiencia del parto importa, y eso es lo que ha llevado a la Asociación británica Birthrights (Derechos de Nacimiento) a iniciar una campaña para replantear qué es lo que se condiera un “parto satisfactorio”, apoyándose en los datos de una encuesta realizada a 11.000 usuarias de la red social Mumsnet que habían sido madres en los tres años anteriores.

Los datos recogidos por la encuesta son reveladores: solo el 68% de las embarazadas tuvieron la posibilidad de escoger donde dar a luz, el 31% no se sintió en control del proceso, el 24% no tuvo opción de elegir donde estar durante al parto, y el 18% no se consideró escuchada por los profesionales. Un 24% de las madres que tuvieron un parto instrumental afirmó no haber dado su consentimiento.

[Esto sucedió en el Reino Unido, donde el respeto a la autonomía y los derechos de las mujeres en el parto es muy superior a cualquier país mediterráneo.]

¿Y hasta que punto afectan estas vivencias? Mucho. De hecho, el cuerpo de evidencia científica que demuestra cuanto afecta es abrumador, por lo que parece casi absurdo -con lo que se sabe ya sobre desarrollo infantil- considerar que la salud física del bebé es todo lo que importa.

Estas experiencias tuvieron consecuencias sobre la salud mental de las madres en el puerperio: la mayoría de las encuestadas reconoció que el parto había afectado a cómo se sentían sobre ellas mismas, el 41% consideró que el impacto fué negativo (el 73% de las madres con partos instrumentales); la mitad pensaba que la experiencia del parto había afectado a su relación con el bebé, y para el 22% (el 59% en caso de parto instrumental) el impacto fué negativo.

La encuesta no recogió datos sobre la experiencia de los padres, pero es claro a partir de otras investigaciones que la la experiencia del nacimiento afecta también a la unión temprana de un padre con su hijo, así como a su relación con su pareja a largo plazo. Y todo eso es de vital importancia para estar en condiciones de ofrecer al recién nacido un ambiente que sea lo más seguro y amoroso posible, ya que seguridad y amor es lo que necesita cada niño en la primera infancia.

Pregunte a cualquier especialista en desarrollo infantil, y ellos dirán lo mismo: el mejor predictor del bienestar futuro de un niño, su salud mental futura y la felicidad futura, incluso su futuro nivel de educación, es la calidad del vínculo creado con sus padres o principales cuidadores en las horas, días, meses y años después del nacimiento. Cuando una mujer comienza su vida como madre sintiendo baja autoestima, desconfiando de sí misma como madre, insegura de cómo se siente acerca de su hijo e infeliz en sí misma, no estará en condiciones tan óptimas de entregarse a el proceso de vínculo como lo hará si se embarca en la maternidad con sensación de confianza y poder validada por la experiencia.

La confianza en sí misma de la madre le confiere el mejor comienzo posible en el trabajo más importante del mundo, y el mejor comienzo para el bebé. Dale una buena experiencia en el parto, y el camino estará allanado. Dale un parto traumático, y el inicio del camino de la maternidad se convertirá en una cuesta arriba.

El nacimiento es mucho más que dos personas que siguen respirando: estamos cometiendo una gran injusticia con la siguiente generación si asumimos que es así.

Joanna Moorhead
Traducido y adaptado del artículo A good experience is more than the baby being alive

Fuente: saludmentalperinatal.es

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