Texto originariamente publicado en Mad In America (3 de febrero de 2015)

A primeros de año, en un blog que se retrasó, me dije que estaría bien explicar lo que pienso acerca de lo que hay que tener en cuenta cuando uno valora tomar medicamentos para un problema de salud mental, especialmente si intuye que al final podría tomar el fármaco durante un tiempo prolongado. Estas son las preguntas que se podrían hacer a su médico desde una perspectiva ”centrada en el fármaco” a la hora de usar fármacos en salud mental.

¿Cuáles son los efectos inmediatos que produce el fármaco?

Necesitamos saber cómo puede afectar a nuestros sentimientos, pensamientos y comportamiento la toma de un medicamento a corto plazo. La información que proviene de estudios con animales y de “voluntarios humanos” puede mostrar cómo un medicamento concreto es capaz de modificar el comportamiento, los sentimientos y las capacidades mentales, pero por desgracia para muchos tipos de fármacos este tipo de investigación sigue siendo escasa o no existe. No obstante, Internet ofrece cada vez más posibilidades para que la gente explique sus experiencias tras tomar la medicación prescrita (en webs como RxISK; AskAPatient). Aunque con frecuencia se suelen descartar las referencias dadas por personas con diagnósticos de problemas de salud mental porque puede resultar difícil separar los efectos del fármaco del problema subyacente, si se valoran cuidadosamente pueden ofrecer información útil. No obstante, se necesitan más estudios con animales y voluntarios para dilucidar ciertos efectos sutiles y complejos.

¿Qué efecto tiene el medicamento al tomarse durante un tiempo prolongado?

Además de saber la clase de cambios que ocurren tras una o dos dosis de un fármaco, se necesita saber qué sucede con los sentimientos y el comportamiento si se consume el fármaco durante semanas, meses y años, tal como habitualmente se suelen prescribir los fármacos a las personas con problemas de salud mental. Debido a que hay limitaciones éticas, prácticas y financieras para alargar el tiempo de consumo de fármacos por voluntarios y animales, debemos prestar atención a otras fuentes de información respecto al tipo de cambios mentales y de comportamiento que ocurren cuando las personas toman los fármacos recetados durante periodos de tiempo prolongados. Los programas de control y seguimiento de fármacos así como otros sistemas (también las páginas de Internet) que permiten a los usuarios manifestar lo que les ocurrió cuando tomaron un fármaco son, por lo tanto, esenciales para recopilar información sobre los efectos que un medicamento puede tener al ser usado durante amplios períodos de tiempo.

¿Cómo afecta el fármaco de forma global al cuerpo?

Debemos saber cómo afecta el fármaco al cuerpo como un todo, a cada sistema, incluyendo el cerebro y el sistema nervioso, el corazón, el sistema digestivo, el sistema reproductivo, a los sistemas hormonales, etc. Precisamos información de los efectos sobre el cuerpo tras el consumo a corto y a largo plazo. Necesitamos datos sobre indicadores de enfermedad física y deterioro, como la función cognitiva, los niveles hormonales, la función coronaria y la eficiencia metabólica, así como información respecto a cómo la toma de un fármaco, durante períodos cortos y largos, incide en las tasas de mortalidad. A veces se realizan estudios con animales y voluntarios para investigar algunos efectos concretos inducidos por los fármacos, generalmente a corto plazo. Sin embargo una vez más tenemos que confiar en los efectos de los que informan las personas diagnosticadas de problemas de salud mental que toman medicación, para poder evaluar el impacto de los medicamentos en todos los sistemas físicos cuando son consumidos a largo plazo.

¿Qué ocurre cuando se interrumpe la toma del medicamento?

Hay que saber qué ocurre cuando alguien deja de tomar un medicamento que ha consumido durante un tiempo. ¿Qué tipo de efectos mentales y físicos surgen tras la retirada? ¿Cuánto duran los efectos y cómo dependen de factores como la cantidad de tiempo que se ha tomado y la dosis del fármaco utilizada? ¿Que intensidad llegan a tener y durante cuánto tiempo se pueden prolongar? ¿Cómo se pueden minimizar los efectos de la retirada?

¿Cómo afecta la toma del medicamento a mis problemas de salud mental?

Necesitamos tener información acerca de cómo todos estos efectos – los efectos físicos, mentales y sobre el comportamiento de los diferentes fármacos a corto y largo plazo –interactúan con el tipo de problemas por los que las personas buscan ayuda cuando acuden al profesional de salud mental. ¿Tomar el fármaco disminuye la intensidad de los sentimientos angustiosos, por ejemplo? ¿Reduce las conductas no deseadas, como la agresividad verbal y física? Este es el aspecto sobre el que el ensayo controlado y aleatorizado convencional (ECA) puede resultar útil. Los ECAs pueden ayudar a determinar si un fármaco determinado es superior a una intervención similar mediante un placebo ante problemas o síntomas concretos. Por supuesto, para enunciar la naturaleza de los problemas de salud mental hay muchas dificultades, y los “diagnósticos” usados en la actualidad pueden que no sean útiles para revelar los efectos de los fármacos que se prescriben. Sin embargo, ante problemas simples como el insomnio, por ejemplo, un ensayo puede ofrecer datos útiles sobre si un fármaco es superior al placebo, teniendo en cuenta también otras influencias como el efecto del “placebo activo”. Por desgracia, la mayoría de los ECAs duran sólo unas pocas semanas y ninguno ofrece datos sobre si los efectos de un fármaco se mantienen durante meses y años o sobre cómo varían a lo largo del tiempo con el consumo continuado del fármaco.

¿Cómo afecta el fármaco a los demás aspectos de la vida?

Si pensamos que es posible acabar tomando un fármaco durante semanas, meses o años, resulta esencial saber cómo el fármaco puede afectar a todos los aspectos de nuestra vida, desde nuestra capacidad para trabajar o simplemente leer un libro, y en las relaciones afectivas y sexuales. Un fármaco puede eliminar eficazmente los síntomas haciendo que uno esté dormido la mayor parte del tiempo, por ejemplo, pero evidentemente esto se convierte en un obstáculo para poder ir a trabajar o hacer la compra. Algunos ECA ofrecen algo de información sobre el bienestar o el funcionamiento global, pero de nuevo hay que escuchar las experiencias de las personas que toman estos medicamentos de manera prescrita para entender el nivel de efectos que pueden tener en la vida diaria de la persona.

¿Hay formas alternativas para conseguir los mismos efectos?

En algunas situaciones, otras medidas, como hacer más ejercicio o practicar técnicas de relajación, podrían llegar a producir el mismo efecto que tomar un medicamento pero con menos complicaciones. Cuando, y si, pudiéramos determinar los beneficios reales y concretos que un fármaco puede proveernos, entonces podríamos comparar el uso del fármaco con otros métodos que consiguen el mismo resultado.

De estas consideraciones se deduce de forma clara que la actual base de investigación es totalmente inadecuada. Por lo tanto, es muy poco probable que su médico de familia o psiquiatra tenga en sus manos esta información, porque gran parte de la misma no existe. Una de las implicaciones más importantes del modelo centrado en el fármaco de los tratamientos psiquiátricos es la necesidad de contar con muchos más datos científicos que aporten información sobre los fármacos que se usan para tratar los problemas de salud mental. Deberíamos contar con estos datos antes de comenzar el tipo de prescripción masiva que actualmente está instaurada, pero no es demasiado tarde para ofrecer una buena base de evidencias para que las generaciones futuras tomen decisiones adecuadamente informadas. Si empezamos a hacer las preguntas correctas, quizás podamos persuadir a los científicos y financiadores para que se hagan investigaciones que ofrezcan más información y se recopile la riqueza de la información ya existente en las experiencias de las personas que toman estos fármacos.

Fuente: madinamerica-hispanohablante.org

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