CÓMO Y PORQUÉ FOMENTAR EL JUEGO SIMBÓLICO DE CALIDAD

CÓMO Y PORQUÉ FOMENTAR EL JUEGO SIMBÓLICO DE CALIDAD

Hoy quiero hablarte de la importancia de un juego simbólico de calidad. ¿De calidad? ¿Qué significa esto? La calidad del juego de los niños depende del entorno que tienen alrededor y de los elementos de juego que tienen a su alcance.

¿POR QUÉ LOS NIÑOS DEBERÍAN TENER UN JUEGO SIMBÓLICO DE CALIDAD?

-Porque a través del juego simbólico consiguen canalizar las experiencias que reciben del mundo. Cuanto más sencillo y consistente sea el juego más ayudaremos a que el niño se exprese de forma libre y ordenada.Cuando en el entorno hay demasiadas cosas de mala calidad y desordenadas el niño canaliza y da forma a sus ideas de forma desordenada. Si quieres saber más sobre los beneficios del juego simbólico puedes leer esto.

-Cuando el niño vive rodeado de muchos juguetes deja de valorar sus elementos de juego y este pasa a convertirse en un juego de sacar cosas. Demasiados impactos mal organizados.

-Los materiales de los elementos de juego también son muy importantes. El juguete debe reflejar valor y consistencia. Debería tener unas ciertas propiedades de peso, emanar calidad e incluso delicadeza. Cuando los juguetes son de mala calidad o su componente principal es el plástico los niños aprenden a tratarlos de forma brusca, ya que el juguete no se rompe aunque lo golpee fuertemente. Cuando transmiten mala calidad el niño les da justo el valor que reflejan.

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¿QUE REQUISITOS DEBERÍAN CUMPLIR LOS ELEMENTOS DE JUEGO SIMBÓLICO PARA FOMENTAR UN JUEGO DE CALIDAD?

Deberían ser sencillos. Cuanto más sencillo sea el juguete más hará la mente del niño.
Deberían presentarse de forma ordenada y accesible. (Por ejemplo si son construcciones podemos ponerlos en cestas. Podemos organizarlos en estanterías por temáticas.)
Deberían estar hechos de elementos naturales o ser elementos naturales directamente. La madera es un buen material para los juguetes de un niño. Puedes utilizar también piedras, piñas, agua, tierra, palos…
Deberían ser neutros o transmitir realidad al niño: Los juguetes que ofrecemos a los niños deberían ser lo suficientemente ambiguos para que ellos puedan crear en su mente diferentes historias. En caso de dar al niño juegos temáticos deberían seguir sus intereses y transmitir realidad al niño.

ERRORES CLÁSICOS QUE SOLEMOS COMETER A LA HORA DE OFRECER JUEGO SIMBÓLICO A LOS NIÑOS EN CASA

Amontonar sus juguetes:
Los amontonamos en cubos o arcones. La propia forma de presentar los juguetes ya les resta valor. El entorno es importante.

Imagina que entras en una tienda de ropa cara. Todo está tremendamente ordenado. Hay poca ropa y está exquisitamente presentada. La propia presentación y el entorno transmiten valor al material. Si la misma ropa la ves en el mercadillo amontonada encima de una mesa o en el suelo seguramente no te va a gustar igual.

Tener demasiadas cosas:
Cuando los niños reciben juguetes continuamente dejan de valorar lo que tienen. Lo ideal sería dosificar los juguetes que les damos. Podemos tener el grueso en una zona fuera de su lugar de juegos e ir rotando. Los juguetes que utilice deberían estar perfectamente ordenados.
Cuando hay juguetes que no usen siempre se pueden donar.

-Tener juguetes de mala calidad:
Ya te expliqué los peligros de rodear a los niños de juguetes de mala calidad. Desordenan su mente, no le permiten creatividad, y el juego pasa a ser destructivo en vez de ser constructivo.

-Crear entornos de juego excesivamente recargados de colores y cosas: Esto produce una sobreestimulación en el niño. Los entornos deberían ser tranquilos, transmitir serenidad y orden, para que interiorice estos conceptos.

Crear entornos demasiado artificiales:
Les rodeamos de alfombras de plástico, de lámparas extrañas, de peluches, de muebles con caras… Estos entornos confunden al niño. Los niños deberían rodearse de ambientes naturales. Necesitan ese contacto con lo natural. Tener a los niños en mundo fantasiosos y artificiales es un obstáculo para una evolución psíquica natural.

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¿CUÁLES SON LAS MEJORES CONDICIONES PARA UN JUEGO SIMBÓLICO DE CALIDAD?

-Entorno tranquilo
-Entorno natural
-Sencillez
-Luz natural o aire libre.

SIGUE LOS INTERESES DEL NIÑO

Siempre debemos procurar seguir los intereses de los niños. En casa, por ejemplo, tenemos un apasionado de los medios de transporte. Así que procuramos ofrecerle un juego simbólico de calidad con este tipo de elementos de juego. Te muestro un ejemplo.
Este es un camión-taller de la tienda Babycaprichos. Ha jugado con él hasta la saciedad. De hecho es uno de los poquitos juguetes que nos hemos traído en nuestro traslado. No ocupa mucho y le permite muchas horas de juego creando sus historias. Me encanta escuchar cómo habla sólo y cuenta todo lo que va pasando.

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Este es un ejemplo de vehículo que permite muchas horas de juego. Con elementos de calidad. Es un camión muy consistente. De madera. Permite al niño el orden.

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El camión se abre y puede ordenar sus elementos en el interior.

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Puede utilizarlo como juguete de arrastre o abrirlo y crear cientos de historias en el taller. El camión tiene un cierto peso, una consistencia. Se nota su valor y el peque también se lo da. Ya está algo desgastado. Ha jugado con él hasta la saciedad. Este desgaste en los juguetes de madera es parte de su encanto. Denota horas de juego e historias. Los juguetes de plástico nunca se desgastan ni tienen saltaduras.

He preparado una pequeña selección de algunos juguetes simbólicos que derrochan sencillez, calidad, ternura e inspiran cientos de horas de juego.

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¿Y tú? ¿Eres consciente de la importancia del juego simbólico de calidad?

Fuente: www.pequefelicidad.com

La compasión y el verdadero significado de la empatía

La compasión y el verdadero significado de la empatía

 

Joan Hailfax, es una reconocida antropóloga e investigadora que ha recorrido el mundo compartiendo, ayudando y aprendiendo con las personas. Su trabajo ha sido tan significativo que TED la invitó a dar una conferencia sobre La compasión y la empatía. Dos temas que hemos tocado ya en Psyciencia pero creo la conferencia de Hailfax nos ofrece una experiencia muy humana y cálida que no sólo nos ayuda a entender estos importantes conceptos sino que también nos ayuda a experimentarlos.

“La compasión es la capacidad de ver con claridad la naturaleza del sufrimiento humano. Es esa habilidad de mantenerse firme y reconocer que no somos ajenos al sufrimiento. Pero eso no es suficiente, porque la compasión, la cual activa la corteza motora de nuestro cerebro, significa que también aspiramos a transformar el sufrimiento, y si somos bendecidos, nos involucraremos en actividades que transforman el sufrimiento.”

Joan Hailfax.

Fuente: www.psyciencia.com

Las madres que acuden a un grupo de lactancia reducen a la mitad las visitas al pediatra‏

Las madres que acuden a un grupo de lactancia reducen a la mitad las visitas al pediatra‏

Una de las recomendaciones que creo que se debería generalizar y ofrecer tanto a las mujeres que están embarazadas como a las mujeres que acaban de tener un bebé es la de acudir a un grupo de lactancia, ya sea uno creado por madres que amamantan o han amamantado, que normalmente son asesoras de lactancia tituladas, ya sea uno creado por los profesionales de un centro sanitario.

Lo creo porque la información es poder, y lo que una mujer puede recibir en estos talleres es eso, información, para luego tener las herramientas suficientes para actuar, buscar ayuda o lo que haga falta. Prueba de ello es que un estudio reciente demuestra que acudir a estos grupos de lactancia puede recudir a la mitad las visitas por enfermedades en las consultas de pediatría.

El estudio lo han llevado a cabo responsables del taller de lactancia materna del centro de salud Fuente de San Luis de Valencia, que además han constatado que con la información que reciben se asegura la continuidad de la lactancia y se evitan abandonos no deseados (por la madre).

Para hacer el estudio decidieron comparar la frecuencia de visitas por enfermedad en las consultas de pediatría de los lactantes cuyas madres habían acudido al taller de lactancia con la de una muestra aleatoria de niños de la misma edad cuyas madres no habían ido nunca.

En palabras de sus autoras:

Lo más llamativo del estudio fue que los niños que habían venido al taller de lactancia materna acudieron una media de 6,9 veces en un año a la consulta de su pediatra por algún problema de salud, mientras que en los que nunca pasaron por el taller esta media subía hasta 12,06 veces al año, casi el doble.

La razón de ello proviene de dos grandes beneficios, uno que los bebés de esas madres son amamantados durante más tiempo que los bebés de madres que no reciben ese apoyo (y ya se sabe que los bebés que maman menos tiempo tienen más riesgo de padecer infecciones) y otro, quizás más importante en este asunto (es mi percepción), que las madres que acuden a estos grupos tienen más seguridad en lo que hacen y en sus capacidades a la hora de cuidar a sus hijos.

Maite Hernández, pediatra del mencionado centro, cuyo taller de lactancia tiene cada año más madres asistentes, comenta lo siguiente:

El amamantamiento es el patrón de oro de la alimentación del lactante y el niño pequeño. Pero en una sociedad como la nuestra en la que hemos perdido la cultura de la lactancia, las madres que amamantan a menudo no reciben el apoyo necesario y, cuando surge algún problema, no tienen a quién consultar. La pérdida de lactancias es un problema de Salud Pública que iniciativas como ésta pueden paliar.

Así que ya sabéis, si queréis recibir información, si queréis tener poder de decisión, si queréis saber cuáles son algunos de los problemas que podéis tener cuando seáis madres o si queréis solventar algunos que se están presentando ahora que ya lo sois, no dudéis en buscar un grupo de lactancia, sobretodo porque no es una charla, no es un lugar donde escuchar el «ladrillo» y quedarte con cuatro cosas, sino porque es un lugar al que acudir cada semana y donde el mayor apoyo proviene muchas veces de otras madres que han vivido lo mismo, y la experiencia puede ser a veces más valiosa que la teoría.

Fuente: www.bebesymas.com

“Hay que acostar a los niños leyendo un libro y no mirando televisión»

“Hay que acostar a los niños leyendo un libro y no mirando televisión»

Si bien la lectura relajada ayuda a desarrollar la percepción de la persona para comprender el mundo que la rodea, la lectura analítica aumenta el flujo de sangre hacia el cerebro en general, pero específicamente hacia la corteza prefrontal. Esta región se ocupa de una serie de procesos cognitivos que trabajan para ayudar a la administración de la atención y la realización de actividades complejas. Estos resultados preliminares darán como resultado una investigación más profunda sobre cómo la lectura puede moldear y cambiar la cognición de la gente. Leer con nuestros hijos obras que les dejen un mensaje de unidad entre la gente, de responsabilidad mutua y de empatía hacia sus semejantes es indispensable.

El artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño, de 1989, establece que los estados que la suscriben “reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”. En ese sentido, para el pedagogo y dibujante italiano Francesco Tonucci, “es jugando como el niño se desarrolla, y por eso le es reconocido como un derecho”.
Y para jugar, no es necesario gastar un dineral en los juguetes más avanzados a nivel tecnológico. No. “Los buenos juguetes cuestan muy poco”, explica Tonucci durante la presentación de la conferencia “Más juego, más movimiento: más infancia” que brindó ayer en el salón Maestro Alfredo Bravo del Palacio Sarmiento, invitado especialmente por la Biblioteca Nacional de Maestros (BNM), en una iniciativa compartida entre el Ministerio de Educación de la Nación y la Fundación Arcor.

El barro es el príncipe de los juguetes -continuó Tonucci-. El barro no es nada y puede ser todo. Y a lo largo de la historia de la humanidad, ha sido un material que ha servido para hacer infinidades de cosas. Es un material riquísimo. Y en manos de los niños…” Tonucci no termina la frase y dibuja con su mano abierta un rulo en el aire. La metáfora tiene una explicación: “Un buen juguete es lo que se presta a muchos usos, con distintas condiciones sociales”, agrega el pedagogo, que luego enumera y clasifica como buenos juguetes a la pelota y a la muñeca, chiches que todo niño y toda niña han tenido alguna vez y que sirven para muchas cosas.

Pero Tonucci deja para el final la referencia a otro “buen juguete”: el libro. “A mí me gusta mucho pensar que algún día un padre le dará dinero a su hijo, lo llevará a una librería y le dirá: ‘Elige un libro’.” Ese libro, seguramente, se irá a una casa, de la mano de ese niño, esperando ser leído. Y para Tonucci ahí nace la relación que generará un nuevo lector: “Creo que lo más importante es ofrecer a los niños la experiencia de la escucha. No se puede aprender a leer bien y con gusto sin haber vivido, sin haber tenido una experiencia de gozar con la escucha de un adulto que lea al niño. Pero como no todas las familias pueden acceder a ese derecho, es obligación de la escuela hacerlo para todos los niños, de manera que todos tengan una experiencia básica fundamental para pasar a la parte técnica del aprendizaje de la lectura”. Para “Frato”, como lo apodan al pensador y dibujante italiano, “un niño debería empezar a leer porque desea leer; porque vivió la experiencia fascinante de la escucha de la lectura de libros que un adulto le regaló a lo largo de días y días”, y considera que esto debería ser costumbre en las escuelas, con una franja horaria establecida para tal fin. “Esta es la única garantía de que en esos niños pueda surgir el deseo de aprender a leer. Una vez hecho esto, lo más importante ya estará conseguido, y después el aprendizaje instrumental de la lectura es una cosa que los niños hoy en día aprenden solos”, agregó.

Además del pedagogo y dibujante invitado, participaron de la conferencia la socióloga Cristina Diéguez, y especialistas de la Dirección de Educación Inicial del Ministerio de Educación de la Nación. La propuesta ha sido declarada de interés educativo por el Ministerio, y tuvo como eje central el derecho a jugar, buscando interpelar a los adultos sobre las genuinas oportunidades que tienen los niños y las niñas en relación con el juego y el movimiento.

Finalmente, para arrojarse a la práctica de la lectura con un niño, Tonucci recomienda “leer sin temor, sin pensar que se está perdiendo el tiempo o que se podría hacer algo de mayor importancia”. Y antes de ir a la cama “acompañar a los niños a dormir leyendo un libro y no mirando la televisión, lo que constituye las bases de la lectura”. Esto, siempre, con la idea de jugar con el chico, porque en términos de jugar, para Tonucci “nunca se deja de ser un niño”. «

Abren nuevos cursos para docentes

“Si te capacitás sos mejor, para los pibes y para la sociedad”. Con esa frase, un docente cierra el video institucional que el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, elige destacar al presentar los nuevos postítulos del Programa Nacional de Formación Permanente “Nuestra Escuela”, dirigido a todos los docentes argentinos.

El objetivo de estos postítulos es contribuir al crecimiento profesional de los docentes. “Son políticas públicas que buscan mejorar el sistema educativo”, explicó el titular de la cartera educativa nacional.

Con este lanzamiento, se abrieron 90 mil vacantes para docentes de gestión pública y privada que hasta el próximo viernes podrán inscribirse en especializaciones en Políticas Socioeducativas; Educación y Derechos humanos; Escritura y Literatura en la Escuela Secundaria; Ciencias Sociales y su enseñanza; Matemática en la Escuela Primaria; Matemática en la Escuela Secundaria; Alfabetización Inicial; y se suman las ya existentes Educación Primaria y Tics y Educación y TIC.

Fuente: aldeaviral.com

«No se está portando mal, lo está pasando mal»

«No se está portando mal, lo está pasando mal»

Hoy hemos tenido un día un poco más difícil que de costumbre. Tenemos una inmensa suerte con nuestro peque, que de costumbre es un niño alegre y fácil de llevar. Pero hoy ha tenido un mal día. Ha llorado y se ha enfadado varias veces por cosas que a nuestros ojos pasaban desapercibidas. Se ha frustrado porque quería salir pero no quería vestirse, después porque no quería entrar en casa, porque quería comer, porque no quería sentarse en la trona, porque no quería más comida, porque no quería bajarse de la trona, porque quería bajarse de la trona, porque no quería que le quitara el babero… En fin, os hacéis una idea. Lo que se dice un mal día.

El climax ha venido a última hora de la tarde. En un momento determinado he salido del baño y al entrar en el salón estaban mi marido y el peque en el sofá tranquilamente. En cuanto he entrado me ha sonreído y ha dicho «¡Ahí está mamí!» pero en cuanto me he acercado al sofá para sentarme ha empezado a protestar porque no quería que me sentara. Cuando ha visto que me sentaba se ha enfadado muchísimo y ha intentado por todos los medios posibles hacer que me levantara. No lo he hecho, porque no creo que sea sano para los niños sentir que tienen la capacidad de controlar lo que hacen sus padres, ese tipo de control les supera y termina dando problemas a la larga. Como veía que no lo conseguía me ha terminado pegando. Un manotazo en la cara con toda la fuerza que ha podido.

Así que me ha tocado poner en práctica todo lo que llevo tanto tiempo estudiando y que no suelo tener muchas ocasiones de practicar. Le he cogido las manos y le he dicho muy tranquilamente: «No voy a dejar que me pegues.» Sorprendentemente, estaba tranquila de verdad. Supongo que me ha ayudado el hecho de que lo estaba viendo venir y de que en realidad no me había hecho daño. Lo he abrazado por detrás mientras le seguía sujetando las manos, y le he dicho al oído con un tono que pretendía ser calmante: «Estás muy enfadado. Lo sé. No voy a dejar que me pegues.» Normalmente recomiendo no iniciar contacto con un niño que rechaza el contacto, pero por una parte está la postura en la que estábamos y que me dificultaba levantarme y apartarme sin más (los dos semitumbados en el sofá, él justo delante de mí) y por otra parte estaba el hecho de que tuve que sujetarle para que no me pegara con lo que en cierto modo ya lo estaba abrazando. Tenía más sentido simplemente continuar así. Abrazarle me pareció lo más apropiado en ese momento, especialmente conociendo a mi hijo que es un niño que necesita y reclama muchísimo contacto físico. Ha roto a llorar en seguida, que creo que en el fondo es lo que necesitaba, y aunque ha forcejeado un poco más he ido notando como se iba relajando. En ese momento lo he soltado y él mismo me ha venido buscando para acurrucarse en mi brazo, aunque aún seguía enfadado porque ha empezado a intentar darle pataditas a papá, que estaba sentado a nuestro lado. Como he visto que el momento del desborde emocional había terminado, he optado por pasar a una fase de reconexión y de canalización de la ira: nos hemos ido a saltar a la cama. Sé que visto desde una perspectiva tradicional podría parecer una recompensa o algo así, pero el objetivo era dar herramientas. Es la misma lógica que siguen los adultos cuando salen a correr o van al gimnasio después de una discusión.

Fotor_147250321613926Así que nos hemos puesto a saltar en la cama, y a gritar, y a dar puñetazos a la almohada, y después lo he perseguido por la casa, y nos hemos ido a la habitación a leer cuentos. Y hemos hablado de lo que había pasado, de cómo se había enfadado conmigo y me había pegado, me ha dado un beso y hemos «hecho las paces» oficialmente. Después se ha puesto a jugar tranquilo en su cuarto mientras yo iba a recoger el lavavajillas. Y cuando papá ha ido a buscarlo para decirle que estaba la cena hecha, se lo ha encontrado recogiendo los juguetes por sí mismo (cosa que nunca había hecho). Y después se ha terminado todo el plato de verdura que le había hecho papá para cenar. Se notaba perfectamente que lo que fuera que llevaba todo el día molestándole había pasado por completo. Era un niño nuevo. El niño feliz, amable, que coopera, cariñoso de siempre.

Mientras duraba el desborde emocional y tenía la oportunidad de poner en práctica todos los consejos sobre los que había leído, estaba continuamente dudando de si lo estaría haciendo bien. No os penséis que todo esto me sale de forma natural. Procuro leer varios artículos a la semana, y leo mis grupos de facebook a diario, con lo que los consejos sobre cómo reaccionar están más o menos siempre frescos en mi mente. Pero muchos de ellos van totalmente en contra de lo que tengo interiorizado. ¿Ponerme a saltar, a jugar, a reír, y a leer cuentos con un niño que acaba de pegarme? Suena raaaaaarooo, raro, raro. Suena a contraproducente. Suena a premio. Y eso hace que de alguna forma entres en conflicto entre lo que tienes preaprendido y todo lo nuevo que estoy aprendiendo con estos artículos. Me asaltan dudas, como a la que más. Y supongo que esas dudas solo se irán pasando con el tiempo y la experiencia. Esta vez, sentí como ayudaba a mi hijo a pasar, canalizar, y procesar el desborde emocional de una forma en la que se pudiera sentir 100% apoyado, primando la conexión a la corrección, viendo en todo el momento al niño y no al comportamiento, sabiendo que algo le pasaba y que el guantazo no era más que una forma de pedir ayuda.

Lo curioso, y lo que ha hecho que me anime a escribir este post, es que mientras estaba en la cocina, justo después de que hubiera pasado todo el proceso, Papá me ha dicho que le había prometido al peque que esa noche se bañaría en la bañera grande (no lo hace a menudo, porque gastamos muchísima agua, para él es como una ocasión especial). Papá me lo ha dicho con un tono serio, me ha sonado como si esperara que dijera que no me parecía bien, después de como se había «portado». Pero mi respuesta, inmediata y sin pensar, ha sido: «Sí, me parece bien, se lo merece, porque vaya día que ha tenido.» Y justo entonces me he dado cuenta de que ha sido una elección de palabras algo extraña. «Se lo merece» poco rato después de haberme pegado… Y entonces me he dado cuenta de que creo que por fin lo tengo interiorizado: Aquello de «No se está portando mal, lo está pasando mal». Hoy lo he visto claro. Una verdad como un templo.

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Fuente: www.crianzarespetuosayconsciente.blogspot.cl

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